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11 Jun 2020 / 08:50 am

Hay un oleaje secreto en el océano de estas palabras. Un misterio constante hecho de savia de luz, mitologías presentes que caminan su canto. Aquí un conjunto de poemas del libro “Las semillas del Muntú”,  de la colombiana Ashanti Dinah, publicado por Escarabajo Editorial, Abisinia y Nueva York Poetry Press, 2019.

 

 

ORGASMO DE LA CREACIÓN

 

Refiere un antiguo mito

que el cosmos copuló,

nuestro origen fue orgásmico,

algo así como el mismo placer-dolor que sentimos en el

      roce del sexo.

 

Tal vez el gemido de un astro eyaculó

sobre alguna galaxia

y explotó como una yema de huevo en mil colores.

 

Con la fuerza del viento, fue imprescindible que se esparciera un salpicón de semillas

inaugurando vida en la tierra.

 

 

DESTINO DEL MUNTÚ

 

  1. A mi ventana se asoma agbeyamí, el pavo real, y me dice:

 

El destino está entretejido por la madeja del tiempo.

Estamos emparentados con los siete elementos:

Cielo nuestro abrigo

Aire nuestro pensamiento

Agua nuestra sangre

Fuego nuestra savia

Tierra nuestra raíz

Fauna nuestras venas

Flora nuestros sueños.

 

Y no olvides, Dinah, que anudamos la voz del corazón a las constelaciones.

 

 

  1. A mi puerta toca akuaaró, la codorniz, y me dice:

 

Hacemos parte de una familia astrológica, vegetal, animal

y humana

y estamos hermanados con los volcanes y las piedras…

Acompasamos nuestro aliento con la corriente de los

pájaros y el viento.

Respiramos en cada poro del alma, lo que los árboles

exhalan;

entrelazamos su fuerza y su intuición

en continua ida y vuelta,

en continúa llegada y partida,

en continuo fluir recíproco.

 

Y no olvides, Dinah, que somos nudo forjado desde el inicio del círculo.

 

 

III. A mi cocina gorjea eyelé, la paloma, y me dice:

 

Y así como el útero cósmico,

llevamos dentro filamentos de órbitas planetarias

frecuencias de partículas y energías atómicas.

Somos continente y contenido.

Somos células, neuronas, hormonas,

somos alquimia, medicina y curación,

somos naturaleza infinita,

somos pasajeros del viaje, firmamento que camina…

Y la conciencia de nuestro cuerpo

está divido por el horizonte.

Expresamos el día y la noche,

la luna y el sol con su ciclo y reflejo.

 

Y no olvides, Dinah, nuestro origen es terrestre,

pero nuestro destino es celestial.

 

 

 

EL RÍO NÍGER CUENTA SU VIAJE

  

Somos seres de agua.

En una gota mía está contenido el nacimiento.

De ahí surgió la primera mañana de la creación:

la piedra, el fuego, el aire, la sangre, la saliva, los huesos.

 

Todo nace y se fecunda en las aguas de mis aguas.

 

En la aldea lejana de los comienzos,

cuando el universo estaba oscuro,

y no había sol que remontara al horizonte

      nacimos,

pariéndonos en la caudalosa ribera de los mares.

 

Somos el inicio femenino del parto

sobre la vasija sagrada.

 

Nos sostiene una infinidad de polvo acuático

que puja secreciones en las venas.

Cuando lloramos,

nos llueven los raudales de los ojos en rumor de espumas.

Y como la luna escarlata,

las mujeres menstrúan cada ciclo de la existencia.

 

 

 LA VIDA DE LOS MUERTOS

 

 

Ayer, un Tata Nganga me dijo:

los muertos nacen de las cuatro estaciones

con el enigma de la existencia.

Nunca mueren: sólo funden su rumor de aliento con la

tierra.

Cuando reencarnan son espejo líquido de nosotros

mismos:

palpamos el patakí de sus vidas.

 

Cuando trabajan en el corazón de la manigua

se vuelven tejido de nidos, brazos de musgo y manglar

sobre el mar de los inicios.

Sus rostros se nos cincelan en las manos

untados de lodo, arcilla y estruendo.

 

Cuando deambulan, se vuelven habitantes

de las estrellas, pasajeros del aire.

Esa es su forma de quedarse a vivir

en el canto del ave.

 

Vienen desde el ayer a contemplarnos.

Como un coro de abejas surcan la curvatura de la retina.

Un misterio de luna orbitando en sus miradas

nos descifra el pensamiento.

Son los narradores invisibles de nuestros sueños.

Murmuran en concierto de imágenes

que se hacen idea y verbo.

 

Nos trazan canales en el cuerpo,

bosques de nostalgias, fragmentos sonoros

donde cabe el peso de nuestra memoria.

 

Son lluvias marcando el compás de los días.

Si los escuchamos sentimos una percusión

galopar las colinas de nuestra lengua.

La artillería de una fuerza en la médula del alma.

 

Los ofrendamos con frutas y flores.

De ellos es el pan recién horneado,

el café de la tarde, el agua de azúcar al caer el día.

 

Sílaba a sílaba, invocarlos con el bálsamo de los rezos.

Cantarles con la sangre de nuestros animales,

hoguera de versos que alumbra sus ausencias.

 

Soplamos ron y nos profetizan

palabras liberadas del cepo y del látigo.

 

¡Que a nuestros pies descienda la voz de los muertos!

¡Que nuestros dedos palpen el tambor de su tempestad!

¡Que bailen con nosotros al son de la melodía más antigua!

 

 

 

MI ANCESTRA

 

 

Lleva siglos incendiando

                        la musgosa cerradura de mi cuerpo.

Su herencia vestida de caracoles

                        es pálpito entre mis venas.

Nuestras vidas se entrelazan

                        bajo el árbol sagrado de la ceiba.

 

Quienes la conocieron,

la recuerdan columpiándose en su mecedora de mimbre.

Tranquila, como si no la acechara el vértigo de la muerte

frente al alba.

 

Dicen que los gatos cazaban crepúsculos

                                                           de sus manos.

Dicen que en el malecón de sus ojos

            se asomaban barcos oxidados.

Vieron al viento del sur

tallarle un mantra de Olokun.

 

Aún la ven correr

entre las grietas del reino de este mundo

con un pedazo de aurora entre los labios.

 

En el portón del viejo patio de mi infancia,

la han visto convertida en una extraña criatura

picoteando junto a los pollos.

 

 

 

TRIBUTO A MI TATARABUELA

 

moforibale

 

Yo te saludo abuela de mi abuela,

nombre de selva o nombre musical de río.

Marca de hierro sobre el barracón de mis hombros.

 

Matria nocturna,

cómplice de estrellas,

de tus crespos cuelgan constelaciones de plumas.

Yo me reflejo en tus ojos de mujer-ave

convertida en zumbido de hojas.

 

Te rezo este credo de brujas

                                    con mi lengua de bosque.

 

Curandera mía, cuando te pronuncio

                                    se me colma la boca de cariño.

 

Estás aquí asomada en el balcón de mis recuerdos,

en la caligrafía de mi corazón.

 

Proclama de mi sangre bozal,

yo acaricio el espíritu de tu útero:

esa terraza con olores a toronjil y salvia,

                                               a romero y laurel

con sabores a cazabe y melao de caña.

 

Te ofrendo mi canto para que corras libre

                                        a desarrugar tristezas.

 

Te doy gracias por acompañar mis caminos

y regar con efecto de sol mis raíces.

 

Yo te saludo, partera de la esperanza,

clarividente

fumadora de tabaco.

 

Que en mi renacer de alba

broten eucaliptos y canelos junto a tu fronda.

Te pido, guíes mi mapa de vida.

                      Hoy te dedico mis mejores pregones.

 

 

 

 

INICIACIÓN

 

Iyaworaje

 

 

Traigo plegarias envueltas en mi turbante.

Hoy es un día de celebración

en mi cabildeo espiritual:

 

Yo imploré caminos fértiles,

y Eleggúa, mensajero de la encrucijada,

me pidió harina de maíz, yuca con mojo

                                    y dulce de guayaba.

 

Yo pedí vencimiento,

y Oggún, el artesano de la manigua,

se crispó de verde monte

y cubrió las nervaduras de mi piel.

 

Yo pedí salud,

y Ochosi, el cazador de la morada de barro,

conjuró las raíces en el amanecer del bosque.

Abrigó con plumas la hierba de mi ombligo.

 

Yo pedí sabiduría,

y Obatalá, soberano de las velas blancas,

descendió su semblante de lirio

sobre la comarca de mis pensamientos.

 

Yo pedí fuerza,

y Aggayú, guardián del fuego,

inundó como un volcán

la corteza de mis músculos.

 

Yo invoqué a la justicia,

y Shangó, silbato del trueno,

estremeció el aire con una hoguera

encabritada en su pecho.

 

Yo pedí bienestar,

y Yemayá, la Madre de los peces,

enjuagó las arterias de mi útero

entre los pliegues invisibles del mar.

 

Yo pedí armonía,

y Oshún, reina de las aguas dulces,

peinó mis angustias en sus espejos de vapor.

Talló mi vientre con su mantra fluvial.

 

Yo pedí transformación,

y Oyá-Yansá, hacedora de lluvias,

agitada por la danza de los astros

lanzó soplidos que rizaron el pelo del viento.

 

En armonía con el cielo saludo a mis Orishas.

Doy gracias a los tejedores de sueños

                        en el pájaro de la esperanza.

 

Final e inicio de mi palabra.

 

 

 

***

 

ASHANTI DINAH - Nació en Barranquilla (Caribe Colombiano). Activista y militante afrocolombiana. Hace parte del Programa "Mujeres Afro narran su territorio" del Ministerio de Cultura de Colombia. Es Licenciada en Educación, con especialidad en Lenguas Modernas de la Universidad del Atlántico. Magíster en Literatura Hispanoamericana del Instituto Caro y Cuervo. Ha ganado varios premios, entre ellos, Primer Lugar la IV Jornada de Lengua, Literatura, Filosofía. Universidad del Atlántico, Primera Mención en el 1er ConcursoElse Lasker Schüler”, Segundo Lugar en el Concurso Regional Cuento y Poesía “El Caribe Cuenta”, Mención de Honor en el Primer Concurso Intercolegial de Poesía y Cuento: José Félix Fuenmayor. Premio Benkos Biohó, 2016, en la categoría de Etnoeducación, Premio-Reconocimiento en el marco de la Conmemoración del “Día Internacional de la Mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora”.

 

 Como poeta ha participado en diversos Concursos y Recitales de poesía, entre ellos: 18th annual St. Martin Book Fair, Fundación Casa del Hierro, Recital Internacional de poesía "Palabras desde el ático, Consejo Distrital de Literatura, Secretaría de Cultura y Patrimonio de Boyacá, Festival Internacional de poesía de Medellín, Voces Negras Ancestrales, Biblioteca Piloto del Caribe, Mujer Oblicua, Feria Internacional del Libro de La Habana-Cuba,  Casa de las Américas de La Habana, Cuba, Casa de la poesía de La Habana, Cuba, Gimnasio Moderno de Bogotá, Universidad del Valle,  Universidad de Antioquia, Festival Internacional de poesía PoeMa-Río de Barranquilla, Casa de la Cultura Afrouruguaya en Montevideo,  Cooperación Española y el Museo Histórico de Cartagena, Hay Festival, Cartagena, Universidad Javeriana, Biblioteca Nacional de Colombia, Feria Internacional del Libro de Bogotá, FILBO, Ministerio de Cultura de Colombia, Universidad Externado de Colombia,  Encuentro de Poetas del Caribe y el Mundo Jesús Cos Causse, de El Caribe que nos une, en el 36 Festival del Caribe, Santiago de Cuba,  Festival de Poesía Negra y Cantos Ancestrales, Cartagena, entre otros.

 

 Sus poemas han sido traducidos al portugués, al inglés y al búlgaro, y han sido publicado en  Revista Abisinia, Revista Pabellón de palabras, Revista Hojalata, Revista Permutante, Revista Epigrama, Antología del Jazz (Cuba), Latin American Today, Antología de Poesía Colombiana, La Pájara Pinta, Antología Latinoamericana Despatriarcalizando la poesía, Afroféminas de España, Revista Literariedad, Revista de poesía Otro páramo, Afro-Hispanic Rewiew de EEUU, 2017, Revista Fedora poesía, Revista Low-Fiardentía, Antología virtual de Poetas Colombianos, Nueva Poesía y Narrativa Hispanoamericana del Siglo XXI, Lord Byron Ediciones, Madrid, Revista Latin American Studies Association, Lasa Forum, Revista Arcadia, Revista de Poesía y Literatura, Editorial Mackandal. Su Poemario Las semillas del Muntú (2019) fue publicado por Escarabajo Editorial, Editorial y Nueva York Poetry Press.


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