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07 Jun 2020 / 14:18 pm

A Gabriel Cisneros Abedrabbo (Latacunga, Ecuador, 1972). la poesía es el bálsamo que lo salva. A partir de ella se constituye como creador, en la necesidad de transformar su quehacer existencial. Ha publicado 12 poemarios, además, en antologías, revistas y periódicos, dentro y fuera del Ecuador. Ha participado en distintos encuentros y recitales. Sus textos han sido traducidos al inglés, árabe, rumano y gallego. Aquí una selección de textos de su poemario Solemnidad del Fuego.

 

 

 

linaje ADENTRO

 

I

 

En la fuga de los elementos

te entono,

proscrita por el miedo

en la barbarie de mis padres

y de todos mis ancestros

que pusieron

en tu vientre de rock y de nácar

el signo

de la negación y los naufragios,

durante siglos en nombre de la luz

extirparon de ti

la estrella roja

que baila tempestades,

tempestades en el caos

donde se expande la creación y el sacrificio,

tempestades donde uno

puede beber mil flores

o el veneno

de los labios sangrantes

del amante que en el Cantar de los cantares

no pudo sacarse el manantial y las aguas,

no pudo ni quiso hacer a un lado

al salvaje

que detrás de la fina capa de maquillaje de petróleo

se hunde con el falo lleno de sangre.

 

En ese pretérito no conseguí

reconocerte en tu dimensión

de brújula del horizonte

y te cubrí el rostro

con una sábana

y con mi propia vergüenza.

 

Entono mi plegaria

para que olvides la huella de mis huesos,

saltes sobre mi bosque

pléyade salvaje,

que hecho peyote en la respiración,

me desgarres cuerpo adentro con tal fiereza

como te hemos roto cuerpo afuera

por generaciones,

con el libro sagrado en la mano

y pájaros sifilíticos en el corazón.

 

 

II

 

Nunca fuiste una esclava,

ni cuando

te vendieron por tres monedas de mar,

ni cuando en medio del vértigo

sacaron de ti hijos

de un poseso sin rostro, sin alma;

por eso no es necesario

buscar el fin del mármol

en tu cielo.

 

Nunca fuiste

la rosa marchitándose al final de la cadena,

ese fue un señuelo

en medio de la tragedia

que intentaron poner a tu voz,

sin saber que tu loba aullaba

frente al espejo;

ignorantes a tu dicha

cuerpo adentro,

ajenos a las ofrendas

que tomabas

en las piedras negras del río.

 

Los emisarios

se quedan inmóviles frente al cadáver,

los monstruos

tienen un pequeño corazón

que no han podido extirparse.

 

Cuando hacías el amor

se revolvían todas las tumbas,

porque ni siquiera los muertos

podían ponerse la carne,

la piel o la ceniza

para tomarte en la grieta abierta;

cuando hacías el amor

una aureola

se volvía a la primera luz,

a la víspera donde yo no salía de las cavernas

y ponía mis manos

en las paredes

como intentando dejar una huella,

un rastro,

un signo pagano para que

sepas que estuve allí

y que no podía nombrarte

porque las palabras

no tenían un límite o un génesis.

 

No soy el que puse las manos en la cueva

ni el que te excomulgó

por emancipada

en las vibraciones de la música,

no eres la que se fugó

de esa selva prohibida

ni el sueño doloroso en las estrías de lo imposible.

 

No somos

los que tratamos de salvarnos sin merecerlo,

los que desconocimos al animal

respirando sin saber la metáfora,

no somos los cadáveres

que expanden olores fétidos

o la ciudad abandonada

después de que nadie recuerda

el nombre de sus héroes.

 

Somos la prédica

de los sexos

que casados y doloridos

se succionan frente a frente

las cruces de la locura

 

 

 

MIÉRCOLES

 

Vuelve a doler con el viento.

 

Abeja suspendida

en las flores maltratadas

que se aferran a la acera.

 

Estampilla,

que esconde una epístola

de amor.

 

Vuelve a romper el corazón

con la música de los nardos;

un día

su magia de escapista

se desvanecerá

y podré tomarla

en la copa de un sombrero.

 

Tal vez sea miércoles.

 

Miércoles,

holocausto

en la mujer que canta,

y al mediodía

inventa noche.

 

Miércoles,

no hará falta que sea domingo

o volver de la muerte.

para sentir la carne y los huesos.

 

Miércoles en otro cuerpo,

el mundo con otros ojos

la lluvia con otra alma.

 

Morir ajenos

como dos fronteras de mar.

 

Tal vez sea miércoles,

el día

que olvidemos los puntos suspendidos del paraíso

y en esta tierra

sin más ventanas

podamos recibir

al sol sobre la hierba ajena.

 

 

CONFESIÓN

 

Hoy te hice el amor,

mientras mentaba otro nombre.

Expectante,
encontrabas tu cuerpo
en las formas de un muerto.

Sacamos la sangre de entre las tumbas
para poder vivir,
para que el grito llene
todo lo que hemos perdido.

Hoy hicimos el amor,

como dos sombras ajenas.

 

 

CONVERGENCIA

 

He aprendido a temerte,

a saber que no tendrías miedo

de ungirte con mi sangre.

 

Lluvia de amor en los girasoles

 y bruma donde duermen los versos.

 

He aprendido

que en ti baila la soledad y el infierno.

 

 

***

 

GABRIEL CISNEROS ADEDRABBO (Latacunga, Ecuador, 1972). Escritor, comunicador social y gestor cultural. Ha publicado los libros: Ceremonias de amor y otros rituales (Casa de la Cultura de Chimborazo, 1996), Ego de piel (Pedagogía de Freir, 2003), Cópula panteísta (2003), El otro Dios que soy Yo (2004), Ombligo al infierno (2004), Mujeres para Morir (2006), Peregrinaje y Raptos (2006), Para Justificar el Aire en los Pulmones (2009), 20 Giros en la Pólvora y Otros Textos (2010). Estos poemas fueron seleccionados del poemario Solemnidad del Fuego.


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