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29 Abr 2020 / 07:18 am

 

“La religión es una domesticación de Dios”, han dicho los místicos. En efecto, las religiones pretenden conocer lo incognoscible, la hondura de la hondura, igual que los poetas buscan sopesar lo inefable, es decir, nombrar lo que no tiene nombre. Todo verdadero poema tiene algo de místico, un misterio que lo acompaña y que prevalece o se sostiene en eso incognoscible. Es por ello que los místicos, en su búsqueda de Dios han encontrado en la poesía, en ese lenguaje incomprensible que es la poesía, la palabra, o el vínculo, para hablar de lo que no puede hablarse, la poética del silencio, el principio de contradicción que es ausencia y presencia. Compartimos un poema de Minerva Margarita Villarreal (Montemorelos, Nuevo León 1957-2019) de su libro “Las maneras del agua” que se adscribe a esa tradición de lo místico y donde le rinde un homenaje a esa otra poeta que abrazó lo innombrable: Santa Teresa de Ávila.

 

 

 

 

UN VESTIDO PARA DESNUDARME

Hoy mi vestido significa:
Me levantaré de la cama como si obedeciera a Cristo
Entre una manta de gases
muslos adoloridos huesos que se desploman
camino a paso lento
No debo caer
porque la montaña se ha partido
y cuando abre la mañana
un agujero se vuelve un precipicio
Me levantaré de la cama
tomaré una ducha
El agua limpia mi cuerpo
me despoja de ese humor
fétido de estar enlatada
como sardina
me desdobla en mi peso drenado y me multiplica
pues la multitud está hambrienta
y como si yo fuera los panes y los peces
confundo los gritos con el llamado
mas cerca su voz resplandece
y me alcanza
Me visto después del baño
luego de tallarme las grietas
las flores fueron abriendo
porque yo
recién lavada
y bendecida
me he multiplicado:
Un vestido de algodón
un vestido holgado como Olga
con volantes de ancho vuelo
para pasear los huesos
los muslos las caderas moverlas ya en la vida
en su agua clara
en su viento de lilas aromadas
y que no trote la cabeza
de un lado a otro por dentro abotagada
como nave que se bambolea ante la agitación de espadas
de ese mar puntiagudo y alebrestado que la embiste
Un vestido con turbante que sujete el pensamiento que ha vaciado mi corazón
muy asustado observándolo todo
un vestido para volar
para ganar el cielo
un vestido y que beban los pájaros
de su estanque dorado en su bailable aéreo
¿Sabes cuál es el salario del mal?
Es la muerte y me niego a depositarle pago alguno.

 

Minerva Margarita Villarreal
Pintura: Remedios Varo, Mimetismo (1960)


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