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13 Feb 2020 / 08:50 am

Palabras adueñadas

 

Por Cristian Garzón

Adalber Salas Hernández publica A love supreme de William Shakespeare, con Ediciones Letra Muerta, editorial venezolana. ¿Una traducción?, ¿libro de un autor o dos?, o dirigido por las palabras, que a partir de sus hipotéticos dueños cambia de piel. Se rompe con la idea de la traducción servil, pura, que aún supone un centro; un hálito esencial en el poema. Un mismo poema toma distintas formas, cauces que la imaginación y las mismas palabras trazan. En el poema [5] que abre el libro, hay una traducción literal:

“Aquellas horas, que con trabajo amable
enmarcaron esa mirada dulce donde
todo ojo bebe, serán también sus tiranas
y desharán lo que tan justamente brilla”.

Para abrirse a nuevas posibilidades, donde el mismo poema muta, se ensucia:

“Mira: el tiempo tiene bolsillos profundos y manos cortas.
Las horas que ha gastado en tallar la carne espesa
de tu rostro, para sacar de ahí
el marco de tu mirada, todo eso ha sido
para luego poder destruirlo.”

Luego, el poema pierde su condición asexual, con la forma de la prosa. En lugar de hablar del tiempo directamente, lo muestra:

“El juego es la casita: cocinamos usando mi casco de montar bici como olla, nos escondemos bajo la cama fingiendo un techo. Así, acurrucados, empezamos a besarnos. Simples. Nos quitamos la ropa. Recuerdo que su piel estaba fría. Lo recuerdo con mucha precisión.”

Y vuelve sobre al contenido inicial cambiándole el rostro:

“Las horas han trabajado con sus manos amables
el marco de tu mirada, esa que todo ojo
quisiera habitar. Pero esas mismas horas
tiranizarán su obra, desanudarán lo que tanto
costó enlazar.”

Es un proceso que más o menos se repite en ese orden a lo largo del poemario. Inicia con el poema original en inglés, luego la versión tradicional de una traducción y sus modificaciones. No hay simetría. No siempre se cumple este orden. Cada poema dicta sus vertimientos. Entre los poemas mutantes y los momentos en prosa se crea una correspondencia subterránea. Unos poemas soplan los otros y los contaminan. El libro se vuelve un camino de ecos, que van creando cavidades de significados y referencias múltiples. Se mezclan; matizan colores. Hay poemas tachados, con anotaciones al margen que los cuestionan o generan otros versos. Hay una suerte de guion en donde se lleva a cabo una escena de masturbación, que alterna las acciones con la imaginación del personaje. Las traducciones no siempre se hacen del inglés al español. Hay poemas que pasan del inglés al inglés; o al portugués. En el poema donde se mencionan las estrellas, más adelante se forma una constelación de palabras salpicadas sobre la página.

 

***

Hay una poética de la traducción y de la poesía. Adalber, en un ensayo titulado “Palabras sin dueño”, a propósito de la traducción, entre diversas definiciones, escribe: “traductor es quien ama que las lenguas le sean siempre desconocidas”. Ese respirador artificial; ese miembro extraño, sintético, casi fantasmal que es el traductor según Adalber, se enfrenta en A love supreme con la posibilidad de transformar en explícito el acto creativo implícito en toda traducción.

 

***

“Palabras sin dueño” abre con un epígrafe de John Dryden, en inglés, donde afirma que, para ser un verdadero traductor, se debe ser un verdadero poeta. De entrada, hay una equiparación entre poesía y traducción, como si fueran intercambiables. Rodolfo Wilcock define Argentina como una inmensa traducción; Andrés Neuman hace extensiva esta idea a todas las patrias, incluyendo las imaginarias. No se traducen, entonces, solamente poemas, sino formas de existir sobre la tierra, como lo es cada país y cada época. Lo justo sería no solo traducir las palabras, sino intercambiar contextos para mantener viva la poesía del pasado, que si bien fija un presente, nos deja afuera de su realidad. Pensar que accedemos a la realidad, por un poema o por cualquier otro texto, es un error; error que se zanja con la distinción de Foucault entre las cosas y las palabras. Las palabras no son cosas ni verdades fijas, sino que obedecen a un devenir, donde “una historicidad profunda penetra el corazón de las cosas, las aísla y las define en su coherencia propia, les impone aquellas formas del orden implícitas en la continuidad del tiempo”. ¿Por qué no aprovecharnos de esto? Si las palabras no son esclavas de sus referencias, entonces podemos usarlas como espejo deforme, usado, con diferentes dueños, llenas de huellas, de manos, hechas de plastilina y de óxido. En las Investigaciones, Wittgenstein se refiere a los juegos del lenguaje como una serie de herramientas (las palabras), que habitan en una caja y tienen una función cuyo sentido depende de su función específica, en relación con la totalidad. ¿Pero qué pasa si se trastoca el orden de las herramientas para hacerlas entrar a otra caja, al otro lado del mundo? Allí se juega con otras reglas; más aún cuando no solo hay una diferencia espacial entre Shakespeare y Adalber, sino también una distancia temporal y dialectal. Hace entrar las palabras de Shakespeare en el molde desfigurado de nuestra contemporaneidad. Adalber, en un poema de Shakespeare de amor sobre una mujer y todas las sombras que lleva en su cuerpo, realiza un dibujo de las fosas comunes y las sombras de los muertos cubriéndose “bajo el sonido de las balas”.  Para los puristas puede ser una infamia. Un catire de Venezuela que dañó y corrompió a la gran vaca sagrada ¿cómo se atreve?

 

***

En el poema 24 primero aparece la traducción:

“Mi ojo de pintor ha grabado
la forma de tu belleza en la tela de mi corazón:
mi cuerpo es el marco que la contiene.”

Y esta vez sin modificar el poema, únicamente tachando, se van conformando otros poemas, como un collage que dependiendo de cómo se gire, refracta la luz en distintos sentidos:

 

“Mi ojo - - - - - - - - - - - - - - - - ha grabado
------------------ tu belleza en - - - - - - mi corazón:
mi cuerpo - - - - - - - - - - - - - - - - - - la contiene.”

 

“Mi ojo - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
-------------------------------------------------- mi corazón:
mi cuerpo es-----------------------------
------------------------------------ el mayor arte------------“

 

“--------- ojo - - - - - - - - - - - - - - grabado
-------------------------------------en---------------------
------ cuerpo es - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
------ perspectiva - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -“

 

“Mi ojo - - - - - - - - - - - pintor - - ha grabado
------------------------------------ en la tela - - - - - - - - -
--------------------------------------------------------------------
------ gracias - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -“

 

“----------------------------------- pintor -----------------------
---------------------------------------------------------------------
-------------------------------------------------------------------
La perspectiva es el mayor arte - - - - - - - - - - - - - -“

 

Y su deformada prosa:

[Siempre nos veíamos en lugares públicos: parques, piscinas, cines, estacionamientos. Baños. Pautábamos El lugar y la hora, nos escondíamos en algún rincón poco visible, mal dibujado. Nos tocábamos sin quitarnos la ropa, con prisa, metiendo las manos en los pantalones del otro. Recuerdo sus dedos separándose, semen entre ellos. Era la primera vez que lo veía en la mano de alguien más].

 

***

Estuve buscando lecturas cercanas al proyecto de Adalber, porque estaba emocionado y perplejo. Quería hallar los precedentes imaginarios que todo lector crea. Encontré otros experimentos, como las Reescrituras de Leónidas Lamborghini, donde hay versiones personales de Quevedo, de Góngora y Keats, entre otros. También me interesó el caso de escritores que se cambiaban de lengua y sus motivos: Rowena Hill, Rodolfo Wilcock, Alfredo Gangotena, Wiltold Gombrowicz, Nabokov, Cioran. Lo que llama la atención de estos casos en relación con A love supreme, es la manera con la que asumen una extrañeza de su propia lengua, una descentralización de la identidad. Creo que uno de los rumbos por medio del cual se puede renovar la poesía es esta; a partir del desajuste ya no de los sentidos solamente, sino del lenguaje, que en últimas es un vehículo y un hábitat del ser humano.  En una novela cercana a la poética de A love supreme, llamada Fractura, de Andrés Neuman, el personaje principal, el señor Watanabe, entabla relaciones amorosas en distintos idiomas y dialectos. Una francesa, una americana, una argentina y una española. La argentina es traductora. En un momento dice que traducir es “encontrar parte de tu identidad con el pretexto de un extraño”.

 

***

Los momentos fértiles de la poesía están muchas veces relacionados con el desajuste. Cuando se rompe con la métrica. Cuando se trastoca la sintaxis en los movimientos europeos. Con la irrupción del poema en prosa. Con los vanguardistas latinoamericanos del siglo XX.

¿Qué le queda al siglo XXI? Quizá la hibridez, el cruce de formatos de escritura y la ruptura total entre los tiempos y los espacios, para dejar atrás la concepción newtoniana de estos, y crear en la relatividad, en la incertidumbre. La fractura de las fronteras y los idiomas. La tradición a la que pertenece todo escritor no es el país, ni el continente, ni su lengua; es el cosmos. Parafraseando a Borges, celebro el logro de Adalber Salas Hernández en A love supreme.   

 

 

 

 

Cristian Garzón (Bogotá, Colombia, 1997). Estudiante de Filosofía de la Universidad Pedagógica Nacional. Ha publicado reseñas en las revistas colombianas Puesto de Combate y Ulrika. En 2018 estuvo a cargo de la curaduría y el prólogo de un libro que recoge parte de la obra poética de la poeta colombiana Liliana Cadavid, publicado por la editorial Exilio. Hace parte de la editorial colombo-venezolana El Taller Blanco Ediciones.

 

 


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