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16 Ene 2020 / 10:08 am

 

Publicamos, en exclusiva, tres poemas inéditos del poeta venezolano Adalber Salas Hernández (Caracas, 1987) del libro Nuevas cartas náuticas.

 

 

 

XIV
(Instructions for the Lightkeepers of the Northern Lighthouses, Alan Stevenson)


Lo primero:
las lámparas deben mantenerse
ardiendo brillantes y diáfanas
a toda costa.

Cada noche
desde el ocaso
hasta el amanecer

deben tener la dureza del asombro.

En medio de la madrugada
esa llama es la única garantía
de que la tierra aún existe

de que no se ha hundido
en las aguas impracticables
del pasado.

El faro es lo único que queda
del estupor del sol.

Las mechas deberán ser cortadas
cada cuatro horas

y el custodio que tenga
la primera guardia
deberá velar por el aceite

asegurarse de que fluya
hasta el quemador
voluntariamente

listo para consumirse.

Lo primero:
las lámparas deben mantenerse
ardiendo perplejas y desveladas
a toda costa.

El faro
es un testigo.

 

 

 

 

 

XVIII

En el museo de la Acrópolis, en Atenas, se encuentran los restos de un relieve: la nave Πάραλος, Páralos, trirreme encargado de llevar ofrendas a templos, de transportar embajadores, de encabezar flotas.

Uno de los fragmentos muestra las siluetas frágiles de los remeros, idénticos, en plena actividad. Otro fragmento, en la esquina superior derecha,
contiene el rostro de Páralos, hijo de Poseidón, héroe inventor de la navegación.

El perfil está desdibujado: es ya una costra de piedra
o lo que queda de un cuerpo encontrado
pudriéndose al sol.

Debajo de los remeros no hay ningún mar.

 

 

 

 

 

XXIII – Donde Ovidio sueña con Fitzcarraldo
(Tristia, Publio Ovidio Nasón)


Anoche
soñé que un hombre arrastraba un barco
hasta la cima de una montaña.

Usaba camiones, cables de metal,
enormes bestias impasibles
sin sudor ni sangre, sólo
aceite oscureciéndoles la víscera dura.

Al despertar, miré por la ventana
los bosques de los getas, a lo lejos: su verde
se sacudía y bailaba
como las olas de un mar colgante.

El viento entre los árboles
recordaba en voz alta un océano
que estuvo y ya no está.

 

 

 

 

 

Adalber Salas Hernández (Caracas, 1987). Entre otros, autor de los libros Salvoconducto (XXXVI Premio de Poesía Arcipreste de Hita; Pre-Textos, 2015), mínimos (Ediciones Amargord, 2016), La ciencia de las despedidas (Pre-Textos, 2018) y la antología De ningún viaje se vuelve (Mantis Editores, 2019), así como de los volúmenes de prosa Insomnios. Ensayos sobre poesía venezolana (bid&co. editor, 2013), Clarice Lispector: el lugar de la poesía (Ril Editores, 2019) e Isolario (Ediciones Aguadulce, 2019). Ha traducido obras de Marguerite Duras, Antonin Artaud, Charles Wright, Mário de Andrade, Hart Crane, Pascal Quignard, Yusef Komunyakaa, Lorna Goodison y Mark Strand. Forma parte del comité editorial de Ediciones Aguadulce. Dirige la colección Diablos danzantes en Amargord Ediciones.


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