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10 May 2019 / 06:12 am

 

POEMA EN DOS LLANTOS

Comencé a suceder cuando me dijo:
“Eras antes del telón del fruto
eras antes de besarnos en el hambre
eras antes
mucho antes.”

En verdad
había un osario mineral en el espacio
donde mi edad cabalgaba en el abismo.
yo vivía de incógnita igual que vive Dios,
y solamente me sollozaba cualquier lunes la ternura
o a veces desperdiciaba la vida con palabras.

Recuerdo que una especie de muerte se asomaba
por los ojos de todas las ventanas
y que un mundo de pájaros de hielo
de ríos espesos de primaria sangre
se insinuaron.

Se me había comenzado a abrir el corazón como una mano
con la más dolorosa fuga entre los dedos.
La soledad navegaba en mis ojos como barca
el día que el hombre en mis entrañas
estableció una poderosa rotación de muerte.

Era el fantasma de sus siglos de horca.
Era el granizo de sus subterráneos.
Eran sus serpientes como esfinges.
Su colección universal del llanto.

Era el túnel del mar sobre la sed.
Era Colombia resollando
por el debilitado mapa de sus venas.
Era él, catarata, cementerio,
kilómetro azul, desprendimiento,
hombre de largo semen disecado
criatura de misterio polvo esclarecido
fortaleza,
sustantivo,
honda espina de labios caminantes
kafkiano, murciélago indudable,
era él
abriéndose camino entre mis uñas.
Era el silencio en su clamor de ocio.
Eran dos millones de puños para el miedo.
Era lo que más duele entre la piel
era el momento que todos hemos sollozado
era un dibujo de perros y tinieblas
era Onam entre su orgasmo verde
era nada
era él
era absolutamente el viento
y nada más.

Comencé a suceder cuando me dijo:
“Eras antes de envejecer afuera de mi cuarto
eras antes de las acorazadas pautas de la injuria
Eras antes
mucho antes.”
Oh ¡esqueleto de mínimos cristales!
Oh ¡saliva de ciclón!,
Oh ¡amante necesario!
cuántos de mis pliegues se llenaron
con las cenizas de tus catedrales.
Cuántos de mis soles se apagaron
entre la histeria de tus cordilleras.
Cuántas estalactitas de callados coitos.

Cuántos hilillos de sangre sostuvieron
un instante de hijo en la memoria.

Sábanas lejanas
Tal vez un tamaño prefijo en la distancia.
Dos mil años de lengua entre la piel.
La filiación de un hongo
cuando se piensa en algo.
No sé nada.
No sé nada.
Pero estoy cómica y ajada
clavada como un espantapájaros
con los brazos abiertos y vacíos
infinitamente sola en su compañía!

EMILIA AYARZA

 


Fundación La Raíz Invertida
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