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13 Mar 2019 / 11:12 am

 

Conceptos y valoraciones sobre el poemario Todo animal es esfinge.

 

El espejismo como imagen poética

 

Hay un halo alrededor de las cosas que nos dice más de ellas que su propia materia. El color, ese juego entre el iris y la luz, el resplandor que a veces se desborda de la silueta, el aire agitado que queda después de una palabra. Sebastián Martínez Castañeda nos lleva por ese halo que sobrepasa las imágenes, y recrea una poética de esfinges, espejismos y horizontes, que dicen todo lo que no puede contener una silueta.

Su poesía, más que visual, es espectral, donde no proliferan las imágenes, sino sus alucinaciones y desvaríos. El león en el desierto como el perro en la calle, el gato en la sombra como el pájaro en la noche, constituyen parte de una fauna florida en oscuridades, un bestiario espectral que se sale de su forma para fundirse en la atmósfera que lo contiene.

Cada palabra es precisa y meditada. Sebastián es un poeta de grandes brevedades. Sin embargo, se encuentran poemas que se asoman al verso largo e, incluso, a la prosa, sin olvidar ese enigma titilante que caracteriza su registro poético.

La cadencia uniforme durante todo el libro, es algo difícil de encontrar en los poetas contemporáneos. No es que esté bien o mal conservar el mismo aliento; hay autores que en esa alternancia rítmica encuentran su fuerza estética. Pero la cadencia uniforme le da unidad sonora al libro, y eso es algo que muchos lectores sabrán agradecer.

Esta cadencia, estos espejismos de imagen, estos destellos sobre las palabras, operan mancomunadamente en la secreta maquinaria del poema.

 

Lo cierto es que el silencio tiene forma

y está tras el poniente.

También es cierto

que del poniente nacen las olas

con la forma del silencio.

 

El halo de la imagen detenida lleva a la metafísica del poema, a su destello interior, donde el poeta convierte al silencio en otro animal de su fauna y le da un lugar sin darle forma definida.

 

Las aves surgen del negro de la noche,

cruzan la distancia del reflejo.

En el Claro de luna

mueren con una perla en la garganta.

 

Salen las aves de su forma y del reflejo. Son parte de un bestiario de criaturas míticas que se amalgaman con la luna y con la noche. Ahora lo que brilla está en la garganta. Y el poeta, con gran habilidad, convierte ese exterior metafórico en un paisaje al interior del ave.

Todo animal, todo espejismo, todo rastro de silencio o de luz en este libro, es una figura mitológica que tiene un enigma y un sino trágico -tal como aquella esfinge que puso en aprietos a Edipo-, y nos habla de lo humano, lo animal y lo fantástico desde la noche y la ciudad, como si fueran un desierto cotidiano que no cabe en las siluetas. Y es mito, porque nos regresa a un enigma más grande que el anterior, en su intento de llegar al origen; es por eso que tras la poética de Sebastián Martínez Castañeda, todo animal es esfinge, y todo lector de estos poemas verá que el halo de las cosas, devela la respiración de las bestias.

 Alejandro Cortés González

 

 

 **

 No es posible evitar la fuerza de las imágenes de la poética de Sebastián Martínez en la travesía que el lector hace de los textos breves; las esfinges, en efecto, tienen una presencia simbólica, a través de analogías, en el transcurrir del texto; leemos los poemas lírico/filosóficos como una explicación con imágenes de lo que significa y constituye la poesía: las esfinges y los espejismos, el juego con el lenguaje en el afán por nombrar las subjetividades y las fantasías humanas. 

            Fabio Jurado Valencia

 

 

**

Todo animal es esfinge representa una feliz búsqueda de la poesía, el ojo que se atreve a tensionar el verso bajo diferentes ascendencias y temáticas. Hay acá un bello equilibrio entre la intimidad y la reflexión metafísica del lenguaje; la imagen como centro. Entre la observación y lo imaginativo. Los poemas especulan todo el tiempo sobre aquello que está detrás de los acontecimientos o los espacios, sean reales o ficcionales, arrojando siempre una medida justa de la palabra. Extraña colección de la memoria, Tríptico de la guerra, Postales del ebrio, Espejismo del inmigrante que naufraga, Sueño del viejo marino y El vértigo de la piedra, son poemas muy bien logrados, de imágenes evocadoras que se levantan gracias a un lenguaje particular que busca la reflexión sin olvidar el grado de emoción que hay en lo que se formula. Equilibrado y pulido, el libro es evidencia de alguien que conoce el oficio; un lector atento que se ha aproximado a la poesía de manera juiciosa.

                       

Camila Charry Noriega

Henry Alexander Gómez

Rafael del Castillo Matamoros

 

 

 

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Esfinge del desierto

 

Una mujer habitada por dunas

baña sus manos en un cántaro.

El agua corre por el cauce de su sangre

y colma la sed de los muertos.

¿Podrá la noche saciarse en tiempos de guerra?

 

 

 

Espejismo de la infancia

 

Aquellos niños que jugaban a siniestros,

en aviones o en barcos de papel,

grabaron su voz en la cicatriz de cada piedra que lanzaron.

El dorado,

el viajante polvo de todos los caminos,

cosechó el viaje de las rocas,

y las halló en el abrigo de un anciano. 

a Joaquín Peña Gutiérrez

 

 

 

Todo animal es esfinge

 

El león no solo es el animal

que en el desierto rema con la lengua,

es también el rey que orina en las aguas,

como el perro de ciudad.

 

 

 

Espejismo de la luna

 

Las aves surgen del negro de la noche,

cruzan la sustancia del reflejo.

En el Claro de luna

mueren con una perla en la garganta.

 

 

 

Tríptico de la guerra

 

I

A media asta ondea la ropa tendida en lo alto del monte.

Las gotas caen de los árboles

y horadan la tierra que respira.

Despojado del dolor,

un cuerpo siembra su miedo bajo la sombra de un tamarindo.

El paisaje es la historia,

contada por un muerto sin nombre

al que le sobreviven las moscas.

 

II

Un animal blanco se desploma.

No hace falta envenenar el pincel con aguasangre

para pintar la tarde en la llanura.

 

III

El arte de la muerte no es el arte de la guerra.

Sin embargo, la primera herida la causó el hombre,

y, desde entonces,

los ejércitos nacen de la llaga.

 

 

 

Contemplación

 

Lo cierto es que el silencio tiene forma

y está tras el poniente.

También es cierto

que desde el poniente nacen las olas

con la forma del silencio.

 

 

 

Postales del ebrio

 

Los muertos están ebrios de lluvia antigua y sucia

allá en el cementerio extraño de Lofoten.

Lubicz Milosz

 

I

Casas pintadas en la niebla,

postes y charcos de luz

en las torcidas calles empedradas,

un perro más negro que la noche

y un acorde de blues en la vieja guitarra de un ciego.

No es la primera vez que salgo a caminar para sentirme lejos.

 

II

Algún día me embriagaré de espuma de mar

hasta naufragar en mí mismo.

Remaré con mis brazos,

anclaré mi corazón a la noche

y usaré mi botella ―catalejo del náufrago―

para ver la luna ebria.

Algún día, cuando este cuerpo ya no me pertenezca,

ebrio de espuma de mar,

lo arrojaré en Bocas de Ceniza.

 

III

Al igual que Verlaine

nos enamoramos del diablo

y hemos sido poseídos por una sed que nos respira.

Amotinados en los bares y en las calles,

los ebrios prendemos algo más que las luces de la ciudad.

 

IV

No hay noche en la que no me sienta,

pequeño y lejano,

capaz de timonear el barco ebrio de Rimbaud.

 

V

Un hombre bebe de su copa

sin saber lo que hay dentro.

Dentro de la copa,

hay un hombre embebido.

 

Postal inspirada en la pintura Nighthawks,

de Edward Hopper

 

 

 

Sueño del viejo marino

 

El niño hilvanó sus ojos con el sol

y en un guiño prendió fuego a la ciudad.

Sobre el caparazón de un escarabajo,

remó hasta el vientre de la tierra

para ver el mar recién nacido.

 

 

 

Espejismo del gato

 

La sombra que excita su lomo bajo la mesa

lame los pies de aquella joven

como si fuesen leche fría.

Delicados, dóciles y pálidos,

los pies tiñen la sombra de blanco.

 

 

Siempre de paso

 

Los que se van para no volver ignoran que,

a donde van,

ya otros han ido.

Y así ocupamos nuestro lugar en el mundo,

habitando los vacíos,

mudándonos de ruina en ruina,

con nuestros pies de barro.

 

 

 

Los oficios perdidos

 

Mi padre no fue maquinista

por temor al presagio de las vías del tren.

Sin embargo,

sus días aún le exigen el mismo itinerario,

las mismas paradas y el mismo destino.

Mi padre pudo ser buhonero,

un gran mago de baratijas.

Desde pequeño,

coleccionó radios viejos y relojes de pulso

que le regalaban familiares casi muertos.

Mi padre tuvo la oportunidad de ser farero en Ítaca.

Allí, las mujeres,

acostumbradas a la ausencia,

no notaron que él era el único hombre en la isla.

Mi padre,

en su juventud,

fue el cartero de su pueblo.

Iba y venía en su bicicleta Monark

con noticias ya tardías

de la guerra de Vietnam y del Peloponeso.

Mi padre es un oficinista,

un contador público titulado.

Aún dedica su vida a declarar la riqueza de otros.

Mi padre es el hombre que espanta a la muerte

con sus manos de cobre,

es el hombre que enciende sus radios

y le hace saber al silencio

que su presencia no es solitaria.

Mi padre es el hombre de los oficios perdidos,

el que se niega a declarar sus propios días

y a morir cuando le toca.

 

a Jairo, mi padre

 

 

 

Animales nocturnos

 

Love, love will tear us apart again.

Joy Division

 

Fuimos instintivos,

abrazamos lo salvaje,

nos devoramos,

nos hicimos testigos de la carne.

 

Hoy,

como perros que se cruzan sin ladrarse,

soportamos la rabia y el silencio.

 

El amor es el origen del fracaso,

y, la soledad,

estos días de perro,

estos días de agosto.

 

  

 

 

EL JAZZ no tiene cura.

Por eso, para el jazz,

la noche,

y, para todo lo demás,

el jazz.

 a Guillermo Martínez González

 

 

 

SEBASTIÁN MARTÍNEZ CASTAÑEDA: Bogotá, 1987. Magister en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia. Profesional en Estudios Literarios de la Universidad Autónoma de Colombia. Ganador del Concurso Nacional de Poesía Casa Silva “La Poesía de los objetos” (2012), ocupó el primer lugar en la Convocatoria para Nuevos Poetas del Festival Internacional de Poesía de Bogotá (2013). Fue miembro del equipo de investigadores y artistas del proyecto Moxinifadas de Gaspar León de Greiff 120 años (2015). Ha participado en encuentros literarios a nivel nacional e internacional. Sus poemas han sido publicados en diferentes revistas literarias como Revista Casa Silva, Revista de poesía Ulrika, Antología de Poetas Bajo Palabra y Lecturas dominicales de El Tiempo. Actualmente se desempeña como docente e investigador literario.

 


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