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19 Dic 2018 / 18:03 pm

“Dios nos guarde en poesía, porque ahí afuera,

la vida es un chorizo en una casa de perros”.

Luis Aguilera

 

 

Voz que se queda

 

Aunque se sabe poco del autor y el rastreo de su nombre en la web resulta una tarea difícil, no se pude desaprovechar la oportunidad para hablar de un gran poemario “Voz que se queda”. Un trabajo que refleja una profunda soledad característica del autor y una entonación con aire libertario que muestra la inquietud por su patria aun en medio del largo exilio […] “Bajo una bandera blanca van mis sueños. / Si despierto perderé mi patria”. El esencialismo presente a lo largo del libro traduce la rebeldía e inconformidad ante el mundo del escritor, una poesía llena de circularidad y contundencia.

Sin caer en el sarcasmo, con gran habilidad Aguilera pone de manera estética en sus versos un tono esquivo y huraño como mecanismo ante la estupidez que concibe en su entorno: “No hemos hecho otra cosa que crear dioses / para que nos destruyan” del mismo modo lo hace con el resto de cosas que lo hacen sentir inconforme, sin desligares de una sensibilidad romántica de entender también la belleza de las cosas simples:  “Soy el único que entra y sale de esta casa. / Abrir o cerrar la puerta son actos absolutos” […] el juego de la palabra íntima y la sencillez del lenguaje son atributos determinantes en la Voz que se queda.

Luis Aguilera nace en Colombia en la ciudad de Funza, Cundinamarca en 1945. Reside en Tenerife, España desde 1984. Ejerció como creativo publicitario y ha sido incluido en la llamada Generación sin Nombre. Entre sus obras se conoce: Aún asíVoz que se quedaFulanitos de talEl inesperadoEl ser unánimeLa sociedad y el Estado distributivos, Poemas (1964), Quítenme esos versos de aquí (1993), y Poemas reunidos (Universidad Nacional de Colombia, 2006).

 Lina Téllez

 

 

SEÑALES

 

Stop. Luz roja. Peligro.

Paso de peatones. Propiedad

privada. Veneno. Prohibido fumar.

Uso de casco obligatorio.

En caso de incendio rompa

el vidrio. Alta tensión. Cuidado

con el perro. Manténgase

fuera del alcance de los niños. Pero

no hay señales de vida

ni a dónde levantar la cabeza:

hemos perdido las estrellas.

 

 

 

TERRITORIO

 

Soy ciudadano de un solo territorio: el de mi cama.

Su insomnio tiene algo de perro echado y vigilante.

Acaso lo único real que no salió del paraíso.

 

Bocarriba, tengo por cielo el yeso o el cemento

y un pájaro quieto en las sombras de una lámpara.

Al frente, duele el amanecer en su destiempo.

Un maldito jardín de tela lo ciega en la ventana.

Debajo, mis zapatos quedan mientras yo me alejo.

 

Duermo sobre la madre patria de mis huesos,

puerto sin luces donde amarro el alma.

Todos los demás fueron extraños.

Llegaron para irse en un barco de sabanas volando.

 

No hay ningún otro país bajo mi almohada.

Solo se pertenece a un lugar cuando se está desnudo.

 Con los pies en alto, sin pisar la tierra. Lo demás es viaje.

 

 

CASA

 

Soy el único que entra y sale de esta casa.

Abrir o cerrar la puerta son actos absolutos.

 Lleno o desocupo.

Lo mismo hago con la luz cuando la enciendo.

Devuelvo a las cosas forma y uso.

Soy su movimiento.

Por eso nada existe en esta casa mientras duermo.

 Soy la vida.

 Si mañana la muerte, sombra de verano.

Habré olvidado la última cintura.

Un abrazo será mi puente de salida.

 

Espero sin otro pensamiento que la lluvia.

El tiempo probará que nunca estuve aquí.

Que no tuve Dios ni fui soñado.

 

 

IMPAR

 

Perdonen mi tristeza de calcetín impar.

Memoria desnuda de otros cuerpos

como la ropa mal sujeta a los alambres

aprendo a vivir contra los vientos.

 

Por patios, por azoteas, por los solares

rema la muerte sobre los pasos

que en cada muda vamos dejando.

 

Para que no me ocurra,

descontaré este día de mi pasado.

 

Déjenme aquí, solo y perdido,

tendido al sol hasta secarme.

 

 

ESPERA

 

El que un regreso espera

está en el lugar sin circunstancia

 de una casa incierta.

 

En los días innecesarios de la vida

lo amado es un perfume

de memoria triste

que no culmina su inminencia.

La felicidad sólo ocurre en el futuro

con su soledad insalvable porque ya no existe.

 

Sobre las piedras del corazón

pasa el tiempo presente de los verbos

sin leerlos.

Pero es en el silencio de los ojos

que la espera desocupa su último equilibrio.

 

 

GRAFFITI

 

Al toque de queda,

cruzando la noche de puñales y besos,

alertas los perros,

infiltrado entre versos,

prohibido el encuentro

y perseguido el abrazo,

escribiré contra el pecho

de un pálido muro

o de una esquina sangrante:

«Nos vencieron, no los valientes, sino los miserables».

 

 

VOZ QUE SE QUEDA

 

1

La sangre blanca del papel

me mancha.

 

De la punta de la lengua escapa

el trazo sonoro que negó la tinta.

 

Se queda sin piel una palabra.

Otra vez fue imposible

el pájaro invisible que la canta.

 

Vuelta de página. Silencio.

Vuela la pluma que lo escribe,

 nudo sin fin o desenlace.

 

2

He llegado antes que la voz

 para contarlo:

me borra la mano con que escribo.

El tallo aéreo de sus letras no resiste

el fruto que desgrana. Páginas opuestas,

verbos que se anulan, quedo en blanco.

De mi debilidad, la copia. Sírvanse archivarla.

 

Sólo he venido a recogerme y a olvidarme.

Pertenezco a lo jamás escrito o publicado.

 

3

Mano de cristal para romper la piedra

la escritura. A paso de sombra

llegan con el norte partido las palabras.

 

En el origen del agua debió existir

una historia semejante. Hay un poema

en la multitud transparente de la lluvia.

Sobre las hojas, música.

 

De niño cerré los ojos para oírlo.

Se me ha ido la vida tratando de encontrarlo.

 

4

Hojas sueltas mi vida.

La tinta voz que se queda.

 

El tiempo paciente fuego.

Del canto, viento y ceniza.

 

Para mutuamente anularse

se persiguen versos y olvido.

 

Hay un adiós en la puerta

y un vuelo quieto en mi mano.

 

 

PATRIA

 

¡Alto! Levantaré los brazos.

No es mi primera rendición

ni será la última.

Todas las noches pacto

un armisticio. Bajo

una bandera blanca

van mis sueños.

Si despierto perderé mi patria.


Fundación La Raíz Invertida
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