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31 Oct 2018 / 08:30 am

Selección de Laura Castillo

Desastre lento, uno de los más recientes libros publicados en la colección Un libro por centavo de la Universidad Externado de Colombia, es un poemario que contiene el equilibrio exacto entre la cadencia de los animales y la reflexión en torno al instante. El venado de cola blanca, el caballo y el tigre son los grandes protagonistas que atraviesan como una aguja el oficio de la escritura: “La poesía es el síntoma de mi silencio. Algunas imágenes errantes como los tigres/los caballos/ y las piedras flotan en el aire”. Aquí una selección de este interesante y acogedor poemario de Tania Ganitsky (Bogotá, 1986):

 

 

 


EL MUNDO va a acabarse antes que la poesía
y habrá nombres
para diferenciar el olvido de la fauna
del olvido de la flora.
La palabra esqueleto solo se referirá a los restos humanos
porque habrá una forma particular
de describir el conjunto de huesos
de cada especie extinta.
Habrá un nombre para designar la última chispa de fuego,
un nombre primitivo como el del maíz,
y otro para la transparencia del río
que muchos se habrán lanzado a atrapar
al confundirla con sus almas.
Las crías nacidas ese día no se tendrán en cuenta,
pero la palabra parto sustituirá la palabra ironía que ya
habrá sustituido la palabra tristeza.
Y habrá un léxico de adioses,
porque se dirán de tantas formas
que llenarán un libro entero, que es lo que quedará del amor,
de la literatura.
El mundo va a acabarse antes que la poesía
y la poesía continuará afirmando su devoción
a lo perdido.

 

 

 


CRECÍ EN UNA MONTAÑA
embrujada por indios
que se lanzaban de peñascos.

Sin tiempo de decir sus últimas palabras,
sus últimos suspiros exhalaban mariposas.

En la montaña nadie se pregunta
hacia dónde vuelan estos insectos
o cuánto tiempo duran,

sabemos que no se puede retener
el suspiro de un suicida.

 

 

 


POR LA NOCHE canté
una canción de cuna india, me dolía
la mandíbula
porque hay que mover la boca
de otra forma.
Los sonidos precolombinos
vienen en distintos tonos como las sombras
me dolían los ojos también.

 

 

 

 

EN LA PARTE MÁS SOLA de la imaginación, una voz presagia el tiempo de seres ardientes y le da forma al animalario de mi lengua. A la luz hay que despertarla, me dice, como lo hace el venado de cola blanca: al saltar un tronco muerto, clava los cuernos en el sol y pone el fuego otra vez en movimiento.

 

 

 

 

PÁJARO DE FUEGO

Dejé entrar a un pájaro de fuego.

Apagué la luz
para vaciar el espacio
y solo verlo a él.

Voló sin quemar el silencio,
un pájaro
de llamas inofensivas.

Si el fuego no se propaga,
el agua no puede
apagarlo, dijo la bruja.

Desafiante,
me mojé las manos
y le rocié el ala que más ardía.

Ahora guardo
un pájaro herido
que no come de mi mano

en una caja de madera
que no se quema.

 

 

 

 

NUNCA he tenido algo
que decir.
La poesía es el síntoma
de mi silencio.
Algunas imágenes errantes
como los tigres
los caballos
y las piedras
flotan en el aire.
Nada de esto pesa, pasa, aplaza.
Las metáforas
no concilian la distancia poética
de dos abismos.
El mar ha muerto.
El desierto ha muerto.
Lo sé porque una vez envenené
a un caracol con sal
y burbujeaba
igual que este vertedero
de palabras.

 

 

 


PODRÍA LEER una hora más sobre Emily Dickinson, o
quizás uno de sus poemas. Mejor trataré de olvidar uno
para asombrarme de nuevo y hacerle miles de preguntas.
¿En qué aguas pescas las palabras? ¿Mientras esperas
a que muerdan el anzuelo, te distraen las medusas
que flotan alrededor? ¿Las muerdes tu primero? Empecé
a escribir este poema para olvidar uno tuyo y el oleaje
nos aproximó. Mira lo cerca que estamos: el barco
averiado en que saliste a pensar se hunde justo aquí y
no sé si nos salvamos.

 

 

 

 

EL COMPROMISO de las rocas en el mar:
ser grandes y silenciosas,
albergar, en su centro, el pasado de las olas,
en la superficie, el presente.
Las rocas saben que las olas no tienen futuro,
eso las hace fuertes.

 

 

 

 


Tania Ganitsky (Bogotá, 1986). Profesional en Estudios Literarios con maestrías en Filosofía y en Literatura. En el 2009 ganó el Concurso Nacional de Poesía de la Universidad Externado de Colombia con la selección de poemas El don del desierto. En el 2014 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Obra Inédita con su primer libro: Dos cuerpos menos (2015). Selecciones de su obra poemas aparecen en antologías como Moradas interiores. Cuatro poetas colombianas (2016, Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá) y Transfronterizas, 38 poetas latinoamericanas (2016 Universidad Autónoma de México). En el 2017 publica Cráter, un poemario con grabados del artista José Sarmiento. Actualmente traduce poemas para diferentes revistas, coedita el fanzine de poesía La Trenza y hace un doctorado en Filosofía y Literatura en Inglaterra.