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05 Jul 2018 / 12:30 pm

 

Publicamos siete poemas de la joven poeta Valeria Sandi (1991, Santa Cruz, Bolivia) Es gestora cultural y abogada. Ha publicado, entre otros, los poemarios ambidiestros (2014) y La luna lleva sal (2016).

 

 

 


EN SILENCIO

Y para qué retener
jardines en la mirada
o acumular lluvias
si mojada estoy de esperas.

Y minado esta mi pecho
de tanta pólvora que albergan
estas pulsaciones.

Mi tiempo
se ha entregado
al barro de sus orígenes
ahora estás fragmentado
en mis costados que sangran.

Regálame silencios
porque tu voz
son frutos
esparcidos por mi vientre
                                     que palpitan.

Déjame cerrar los ojos
quiero ver
cuando la noche arranque
nuestras últimas flores del edén
para ofrendarlas
                                     a la muerte.

 

 

 

 

ARTE POÉTICA/PALABRAS

Llevo dentro
una luciérnaga
herida
                sobre mis palabras
Como sostener su luz
sin condenarla
a mi dolor.

Mi escritura
             busca zurcir mi carne.
mientras la aguja
va cosiendo
los piquetes de la memoria.
Son mis ojos
esperando tinta
Como la lluvia
        aguarda su arena.

Desde las entrañas
         de mis palabras
me va creciendo
la luz de luciérnaga

Se prepara
             mi cuerpo
es una selva erguida.
queriendo
hilar todo el fuego
de mis palabras
Y hacer pasar
en la sangre
toda la poesía.

 

 

 

 


FRASCOS DE TIEMPO

Para mis días pido,
Señor de los naufragios,
no agua para la sed, sino la sed,
no sueños
sino ganas de soñar.
Piedad Bonnett

Hay
quiénes derramamos nuestra sed
junto al primer sol, que ahora
                   es sólo
una sombra redonda, golpeada en la pared
dejando de germinar días.

Y en la tarde
somos el caldo
del que bebe
cada día la vida
y a cambio, nos devuelve
nuestros restos desperdigados
en frascos de tiempo sin memoria.

Miro arriba
y los cargados algodones azules
van derramando lágrimas
sobre está tierra árida
con habitantes de polvo.

Está húmeda la noche
desde que el lago
carga dentro suyo
                     todos los huesos
                     de sus habitantes extinguidos.
Y yo
no soy más que la represa
de estos ojos
Que ya no sueñan ríos.

 

 

 

 

 

LA VELA

Es de noche
cuando
la carne oscurece
y el incienso
lleva en su humo
el olor
de lágrimas
por toda la casa.

Colgada
la mañana
              el sueño
se ausenta
Partidas mis uñas
crujen maderas.
Mojadas están
mis manos
para encender la vela.

A la orilla
           cae el cuerpo
entra
el desvelo.

Salado retorno
del incienso
a mi almohada
Tiene tapiz
de sombra
mi pared
       Y a este cuarto
sólo
llega la noche.

 

 

 

 

 

EN ESTE ESPACIO

En este espacio
perforado está el cielo
             la nube de polvo
oscurece nuestro cuerpo.
No hay luz
arremete la miel
sobre las veredas.

La sombra
de los verdugos
buscan
nuestros pájaros
            quieren lapidar
nuestro día.
Su escritura
final
nos va alcanzando.

Mis venas
están sueltas
transpiro
los sueños
Va en picada
está memoria.

Sigo caminando
se tiñen
mis pies.

No quiero olvidar
es aquí dentro
donde llevo
un pájaro
de vasta luz
            que cierra los ojos
            cuando el silencio
            regresa
                            y me habita.

 

 

 

 


HOJAS

Caen
hojas
mustias
al finalizar
la tarde.

Al finalizar
las horas
caen vidas.


Recojo
los colores
de las hojas
disecadas
en el tiempo.

Recorro
ojos
de las últimas
miradas.

Es otoño
una estación
de piel seca
sobre callejones.

Es mi vida
un recolectar
de hojas
para el refugio
de mis palabras.
Es mi tiempo
una escritura breve
de aquello
silenciado
por la sombra.

 

 

 

 


GEOGRAFÍA DE LOS PASOS

¡Qué lejos te hallas ya, paraíso aromático,
Donde bajo los cielos, todo es amor y risas!
Charles Baudelaire

Viva esta la fuerza
de los que aún navegan
y van curando
sus sueños mutados.
Viva los que aún tienen brazos
que despliegan sus alfombras enrolladas.

Quiero reconciliarme con los sueños,
               que los matorrales
no detengan las incertezas de mis pasos.
               Quiero vaciar mis pensamientos
Desollar todos los sollozos que no me pertenecen.

Vendimia, vendimia
quiero recolectar la fuerza
de los que han conocido el fracaso
y viven.

Quiero aprender a lavarme el rostro
junto a las personas
que han empeñado sus ojos
a la muerte.

En los periódicos
se ven fotografías quemadas
Y no alcanza ya la garganta
cuando todas son palabras líquidas
ecos que caminan de noche
con rumbo al mediterráneo
para desembocar las últimas lágrimas
antes del naufragio.

 

 

 


Angélica Valeria Sandi Peña (1991, Santa Cruz, Bolivia) Gestora cultural y abogada. Autora de los poemarios “ambidiestros” (2014), junto a Quincho Terrazas. En el 2016 nace el poemario “La luna lleva sal” de ediciones Jota de Nelson Jaliri (Potosí). Participó en el libro de poesía y cuento breve “El tiempo está después” Uruguay por editorial El Rumbo (2016), fue seleccionada en el libro artesanal (Ilusión Liquida- Ediciones Jota 2016), fue re editada con su poemario la luna lleva sal en el 2018 por Chanchito ediciones.
Ha participado en diversos festivales y lecturas entre ellos en el encuentro multidisciplinario del proyecto Posh 2017 (México), en el festival internacional de poesía Enero en la palabra 2018 (Perú). Y fue colaboradora en revistas de poesía y ensayos a nivel nacional y fuera del país como en México, España y Venezuela. Forma parte del taller permanente poetangas dirigido por el poeta Gustavo Cárdenas.

 


Fundación La Raíz Invertida
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