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01 Mar 2018 / 09:36 am

Publicamos 5 poemas en edición bilingüe español/francés del libro “La sal de la locura” de Fredy Yezzed con el cual obtuvo Premio Nacional de Poesía Macedonio Fernández.

 

 

5 poemas en edición bilingüe español/francés
de “La sal de la locura”

 


Por Fredy Yezzed
Traducción: Solenne Lallia
Crédito de la foto: © Sofía Macarena Castillónn

 

 

 

PRÓLOGO O PALABRAS DESDE LA CORDURA

El 11 de mayo del 2005 ingresé a Urgencias del Hospital Neuropsiquiátrico J. T. Borda de Buenos Aires. El primer dictamen fue que sufría de una alteración nerviosa y un grado alto de delirio con fuerte propensión a la violencia. Echaba saliva por la boca, gritaba obscenidades y me golpeaba contra las paredes.

Bastará decir que pasé irrecuperables años en ese lugar, saltando de psiquiatra en psiquiatra, con fuertes medicaciones que me mantenían dopado todo el día y hasta periodos de total ensimismamiento amarrado a una camilla o arrojado en un rincón con una camisa de fuerza.

Si hay algo difícil en la locura es salir ileso de ella. En marzo del año antepasado ingresó una psicóloga a hacer sus prácticas, la Dra. Dalzotto. Ella fue la primera que me sugirió escribir los “monólogos blancos”, como yo solía llamar a esas voces en mi mente. Me rehusé de forma tajante. Pasaron meses de terapia con ella, hasta que una vez me mostró un conjunto de hojas impresas tituladas “La sal de la locura”. Las miré con temor. Me confesó que me había grabado durante nuestras cortas sesiones y que en sus horas de descanso transcribió lo que le parecía más coherente. Mi primera reacción fue de ira y decepción. Luego abandoné la terapia por petición personal.

Pasaron varias estaciones hasta que una mañana, en mi habitación, indescriptiblemente, me vi, me sentí, me recordé. Leí una y otra vez los textos. Avergonzado, solicité de nuevo la cooperación de la Sta. Dalzotto, quien asistía a un taller de escritura con un reconocido poeta. Fue a ella a quien dicté la segunda parte de este libro: de memoria, sin vacilar en una palabra, en un sentimiento. La selección de los textos que han sido suprimidos corrió por cuenta del poeta, a quien la Dra. Dalzotto pidió ayuda. Gracias al entusiasmo de él es que la Dra. Dalzotto ha impreso y enviado este legajo de poemas al Premio Macedonio Fernández.

Diré, finalmente, que si algo me ha ayudado a sobrevivir ha sido el acto humano y desesperado de salvarme; no la poesía, aunque el deseo de poner en orden los días y las cosas sea un acto poético.

Ahora, gracias al Servicio Social del hospital trabajo como mecánico de barcos, vivo en la Provincia de Tierra del Fuego y miro el mar tratando de escribir el sueño de un hombre normal.

Dedico a la Dra. Dalzotto este libro, que si tiene valor estético es por la ayuda de su mano, que si tiene valor espiritual es por la sal que extirpó de mi locura.

  

Ariel Müller

Agosto de 2010, Ushuaia, Argentina

 

 

Ariel Müller nació en Avellaneda, Provincia de Buenos Aires, en 1979. Es nieto de alemanes exiliados durante la Segunda Guerra Mundial y radicados en Misiones. Su padre es desaparecido de la última Dictadura Militar Argentina. Inició estudios de Medicina en la Universidad Nacional de La Plata, pero nunca se recibió. Vagó por Suramérica como ayudante de camión, contrabandista, mesero y conserje de hotel. Estuvo interno en el Hospital Neurosiquiátrico J. T. Borda de Buenos Aires desde 2005 hasta 2010.

 

 

 

 

 

PROLOGUE OU MOTS DEPUIS LA RAISON

Le 11 mai 2005, j’entrai aux Urgences de l’Hôpital Neuropsy­chiatrique J.T. Borda de Buenos Aires. Le premier verdict fut que je souffrais d’une altération nerveuse et d’un degré élevé de délire accompagné d’une forte propension à la violence. La salive me coulait de la bouche, je criais des obscénités et je me frappais contre les murs.

Il suffira de dire que je passai d’irrécupérables années dans cet endroit, passant de psychiatre en psychiatre, sous l’effet de fortes doses de médicaments qui me maintenaient dopé toute la journée, et jusqu’à des périodes d’enfermement total sur moi-même, amarré à un lit d’hôpital ou jeté dans un coin avec une camisole de force.

S’il y a quelque chose de difficile avec la folie, c’est bien d’en sortir indemne. Il y a deux ans, en mars, une psychologue sta­giaire est arrivée, le docteur Dalzotto. Elle fut la première à me suggérer d’écrire les « monologues blancs », comme j’avais l’habitude d’appeler ces voix de mon esprit. Je refusai caté­goriquement. Passèrent plusieurs mois de thérapie avec elle, jusqu’à ce qu’un jour elle me montre un paquet de feuilles imprimées intitulées « Le sel de la folie ». Je les regardai avec stupeur. Elle me confessa qu’elle m’avait enregistré pendant nos courtes sessions et que pendant son temps libre elle avait transcrit ce qui lui paraissait le plus cohérent. Ma première réaction fut de colère et de déception. Puis j’abandonnai la thérapie sur demande personnelle.

Plusieurs saisons passèrent jusqu’à ce qu’un matin, dans ma chambre, indescriptiblement, je me vis, je me sentis, je me re­connus. Je lus et relus les textes. Honteux, je demandai à nou­veau la coopération de Mademoiselle Dalzotto, qui assistait à un atelier d’écriture avec un poète reconnu. Ce fut à elle que je dictai la seconde partie de ce livre : de mémoire, sans hésiter sur un seul mot, sur un seul sentiment. La sélection des textes à supprimer fut effectuée par le poète, à qui le Docteur Dal­zotto avait demandé de l’aide. C’est grâce à son enthousiasme que le Docteur Dalzotto a imprimé et envoyé ce dossier de poèmes au concours Macedonio Fernández.

Je dirai, finalement, que si quelque chose m’a aidé à survivre, ce fut l’acte humain et désespéré de me sauver, et non la poé­sie, même si le désir de mettre en ordre les jours et les choses est en soi un acte poétique.

Maintenant, grâce au service Social de l’hôpital, je travaille comme mécanicien de bateaux, je vis en Terre de Feu et je re­garde la mer en essayant d’écrire le rêve d’un homme normal.

Je dédie ce livre à Mademoiselle Dalzotto, puisque s’il possède une quelconque valeur esthétique, c’est par l’aide de sa main, et s’il possède une quelconque valeur spirituelle, c’est pour le sel qu’elle a su extirper de ma folie.

 

 

Ariel Müller

Août 2010, Ushuaïa, Argentine

 

 

Ariel Müller est né à Avellaneda, dans la banlieue de Buenos Aires, en 1979. C’est le petit-fils d’Allemands exilés pendant la deuxième Guerre Mondiale et installés à Misiones. Son père a disparu pendant la dernière dictature militaire argentine. Il a commencé des études de médecine à l’Université Nationale de La Plata, mais ne les a jamais terminées. Il a erré en Amérique du sud en tant qu’assistant de camion, contrebandier, serveur et concierge d’hôtel. Il a été interné à l’Hôpital Neuropsychiatrique J.T. Borda de Buenos Aires de 2005 à 2010.

 

 

 

 

 

 

 

ES CLARO QUE DIOS SE ESCAPÓ DE MI CRÁNEO. Que se fue dejando una estela de sangre. Una gotita que un gorrión pisa y esparce sobre el piso blanco.

Escuchaba yo una llanura de carneros, los oía arrancar con sus quijadas las raíces. Ese ruido cuando arrancamos la hierba, ese mismo ruidito cuando arrancamos una rosa como un cabello.

Tal vez quise decir que escuchaba voces. Un susurro inesperado al cruzar la calle. Volteo y miro alrededor y no hay nadie, pero alguien que no está me mira desde la esquina. Solo. Inquietante.

Fue el viento, me digo.

Fue sólo el viento, me repito.

 

IL EST CLAIR QUE DIEU S’EST ÉCHAPPÉ DE MON CRÂNE. Qu’il est parti en laissant une traînée de sang. Une goutte qu’un moineau écrase et éparpille sur le sol blanc.

Moi, j’entendais une plaine de béliers, je les entendais arracher les racines avec leurs mâchoires. Ce bruit quand on arrache l’herbe, ce même petit bruit quand on arrache une rose comme si c’était un cheveu.

J’ai peut-être voulu dire que j’entendais des voix. Un murmure inespéré en traversant la rue. Je me retourne et regarde autour de moi et il n’y a personne, mais quelqu’un qui n’est pas là me regarde depuis le coin de la rue. Seul. Inquiétant.

C’était le vent, me dis-je.

Ce n’était que le vent, pensé-je.

 

 

 

 

 

HE PINTADO EL AMOR CON MIERDA sobre las paredes de mi celda. He trazado algo que no conocía. Un barro amorfo de palabras. Una red de adivinanzas. La conjetura de la noche y el silencio.

He dicho sobre algo que no conocía. He mirado hacia algo que no diré.

He pintado con las vísceras mis propias almas. Lo que hay dentro de mí repugna y enferma. Destruye y miente. Grita una verdad como una hoja que se pudre. Dice del lamentable estado del hombre en mi jardín interior. Avisa de una manzana con gusanos que cae y rueda. He pintado el amor con mierda sobre las paredes. Al mundo le parece repugnante, a mí una bella mañana que se salva.

 

J’AI PEINT L’AMOUR AVEC DE LA MERDE sur les murs de ma cellule. J’ai tracé quelque chose que je ne connais­sais pas. Une boue amorphe de mots. Un réseau de devi­nettes. La conjecture de la nuit et le silence.

J’ai dit quelque chose que je ne connaissais pas. J’ai re­gardé vers quelque chose que je ne dirai pas.

J’ai peint avec les viscères mes propres âmes. Ce qu’il y a en moi me répugne et me rend malade. Détruit et ment. Crie une vérité comme une feuille qui pourrit. Dit l’état lamentable de l’homme dans mon jardin intérieur. Pré­vient d’une pomme véreuse qui tombe et roule.

J’ai peint l’amour avec de la merde sur les murs. Les gens trouvent cela répugnant, pour moi, c’est une belle matinée qui se sauve.

 

 

 

 

VOY POR EL MUNDO CON UN AGUJERO DE BALA en el pecho. El aire me atraviesa de frío. Los niños juegan a asomarse de un lado y otro. Por allí, la única mujer se me fugó y la única orquídea que sembré no quiso echar raíces.

Voy con esa música de violín perforada. Con ese delirio de insomnio.

Voy caminado por las calles con un agujero de bala en el pecho. Represento muy bien mi papel de muerto. La gente no se asombra de verme malherido y distante. Los hombres meten su dedo índice comprobando que no es un engaño. Creen meter el dedo en un sueño. Y la pérdida es que despierto y la herida sigue sangrando.

Es un sueño que me sostiene de los hilos del mundo.

Es un agujero de bala donde me cabe todo el mundo.

  

JE VAIS DE PAR LE MONDE AVEC LE TROU D’UNE BALLE dans la poitrine. L’air froid me traverse. Les en­fants jouent à s’y pencher d’un côté et de l’autre. Par-là, la seule femme que j’ai connue s’est enfuie et la seule orchi­dée que j’ai semée n’a pas voulu prendre racine.

Je vais avec cette musique de violon perforée. Avec ce délire d’insomnie.

Je marche dans les rues avec le trou d’une balle dans la poitrine. Je joue très bien mon rôle de mort. Les gens ne s’étonnent pas de me voir gravement blessé et distant. Les hommes y mettent leur index pour vérifier que ce n’est pas une escroquerie. Il croient mettre le doigt dans un rêve. Et le résultat, c’est que je me réveille et que la bles­sure saigne toujours.

C’est un rêve qui m’accroche aux fils du monde.

C’est un trou de balle où entre le monde entier.

 

 

 

 

 

HAY UN TERRIBLE ABISMO ENTRE PALABRA Y PALABRA, cuyo fondo es lo que no puedo nombrar. Ellas mienten como las sirvientas que ocultan el vaso quebrado del día. Ellas ocultan por ese miedo a desnudarse, a mostrarse en público con el rostro que no tienen. Las palabras trafican con el desencanto, me alejan del jardín exacto, de lo que aún no ha naufragado. Las palabras me vendan los ojos, me tientan a caminar en la oscuridad, me empujan por las escaleras. Creemos en ellas porque sólo entendemos el pequeño ensueño que arrojan de sus puños. Caen como un polvo en la noche. Suenan como un cuerpo desnudo contra el piso. La impotencia de inventar una palabra que me nombre. La felicidad está en lo que nunca dirán. Las palabras: sogas hechas a la medida de nadie, cordones que no alcanzan a atar, agua que no sacia. Ni la tortura ni la espera paciente ni el caso omiso las conmueve. Quisiera saber toda la sangre que corre por la palabra alma. Quisiera, por un instante, asomar la punta de la nariz al jardín de la palabra noche. Quisiera por un milagro y, entonces, decir de este dolor la verdad.

  

IL Y A UN ABÎME TERRIBLE ENTRE UN MOT ET UN AUTRE, dont le fond est justement ce que je ne puis nom­mer. Ils mentent comme les domestiques qui cachent le verre cassé de la journée. Ils cachent par peur de se dénuder, de se montrer en public avec le visage qu’ils n’ont pas. Les mots trafiquent avec le désenchantement, ils m’éloignent du jardin exact, de ce qui n’a pas encore fait naufrage. Les mots me bandent les yeux, m’incitent à marcher dans l’obscurité, me poussent dans les esca­liers. Nous croyons en eux parce que nous comprenons uniquement le petit rêve qu’ils nous jettent avec leurs poings. Ils tombent comme de la poudre au milieu de la nuit. Ils sonnent comme un corps nu sur le sol. L’im­puissance à inventer un mot qui me nomme. Le bonheur est dans ce qu’ils ne diront jamais. Les mots : des cordes faites à la mesure de personne, des lacets qui n’arrivent pas à attacher, de l’eau qui n’apaise pas la soif. Ni la tor­ture, ni l’attente patiente, ni le fait d’être ignorés ne les ébranle. Je voudrais savoir tout le sang qui coule dans les veines du mot âme. Je voudrais, pour un instant, pointer le nez dans le jardin du mot nuit. Je voudrais un miracle, et, alors, dire de cette douleur la vérité.

 

 

 

 

 

Fredy Yezzed. Bogotá, Colombia, 1979. Escritor, poeta y activista de Derechos Humanos. Después de un viaje de seis meses por Suramérica en 2008, se radicó en Buenos Aires, Argentina. Tiene publicado los libros de poesía: “La sal de la locura”, (Premio Nacional de Poesía Macedonio Fernández, Buenos Aires, 2010; Bogotá, 2014; Buenos Aires, 2016), “El diario inédito del filósofo vienés Ludwig Wittgenstein” (Buenos Aires, 2012, Caracas, 2016) y “Carta de las mujeres de este país”, (Mención de Poesía en el Premio Literario Casa de las Américas 2017, La Habana, Cuba). Como investigador literario escribió los estudios “Párrafos de aire: Primera antología del poema en prosa colombiano” (Editorial de la Universidad de Antioquia, Medellín, 2010) y “La risa del ahorcado: antología poética de Henry Luque Muñoz” (Editorial Universidad Javeriana, Bogotá, 2015).

 

  

Solenne Lallia (París, Francia, 1984). Licenciada en Español y Master en Literatura Francesa del siglo XX de la Universidad de La Sorbona, París. Sus trabajos de tesis se titulan: “Risas sin alegría: estudio de la relación entre risa y desesperación en las obras de Céline, Michaux et Beckett” y “Risas de Lautréamont, risas de Michaux: parecidos, influencias, discrepancias”. Ha vivido en Concepción en Chile y Buenos Aires, Argentina. Actualmente está radicada en Arequipa, Perú, donde se desempeña como profesora de francés en la Alianza Francesa. Tiene inédita la traducción al francés del libro “Espantapájaros” de Oliverio Girondo.


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