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18 Ene 2018 / 14:40 pm

 

Por la ruta de las cloacas

 

Nota y selección de Fabio Delgado

Soy un efímero y no muy descontento ciudadano, de una metrópolis que se cree moderna porque todo gusto conocido se eludió en el mobiliario y el exterior de las casas, así como en el plano de la ciudad.
Arthur Rimbaud

Poemas de alcantarilla, libro de la editorial el perro celestial de Bolivia (2017), es una visión descarnada de la ciudad de los anillos (Santa Cruz de la Sierra) donde a seis manos se escribe una oda desde la preocupación, la angustia y el amor de Alejandro Marat, Eugenio Verde-Ramo Olmos y Víctor Paz Irusta, con una poesía que intenta resignificar esos espacios que se caminan a diario. Ya inicia el poeta Marat diciéndonos a los lectores “Sentí la soledad y nadie lo sabía/ y prisionero bajo los escombros de los tejados/ así permanecía/ como un niño que reza en una sacristía.” Evocando un desamparo y una indiferencia de esa ciudad que se abre a las miradas de los habitantes, que cada vez les va quedando más difícil amar, pues ya dice el poeta Verde-Ramo “Olvidarte es lo mismo que morir, morir quemado, / de hambre, de a palos, de asfixia, de borrachera. / Olvidarte es irse más allá del infierno, es estar totalmente/ equivocado.” Entonces uno se va preguntando por esa Santa Cruz de la Sierra que caminamos y que como todas las ciudades modernas está condenada al egoísmo, al no reconocerse en el otro y a buscar entre las risas falsas de las fiestas y el licor – como todas las ciudades modernas – un poco de bondad maquillada, pues nos canta el poeta Paz Irusta “la nostalgia es la niña enferma rodeada de cuadriláteros. / Aquí la cultura se llena de adoquines y de murciélagos, / los fantasmas tienen cara de perro y lengua de serpiente/ pocos son los que entran en el climaterio y anidan en/ sus bolsillos.


Los poetas entonces intentan dibujar una ciudad que se ha negado a ver sus propias cloacas, una ciudad que puede ser cualquiera y se llena de abismos frente a la política, la economía y el diario vivir de sus pobladores que se van haciendo cada vez más borrosos en los cafés, los bares y los centros comerciales.


Poemas de alcantarilla es entonces una manera de exorcizar, compartir y visibilizar la zozobra de tres poetas sobre el falso asfalto de Santa Cruz de la Sierra, experiencias personales de cada uno de estos escritores que en algún momento de la lectura se encuentran para reconocerse en un sentimiento compartido. Y es que al decir el cineasta y poeta brasilero André Góes del libro “para ser universales, antes que nada hay que cantar a nuestra ciudad…” considero que la temática es universal, puesto que las ciudades del mundo sufren los mismos vejámenes que sufre esta ciudad boliviana. Entonces puede ponerse a consideración de los lectores, si eso de por sí, no acerca el libro poemas de alcantarilla a una visión universal.

Aquí una presentación de algunos de los textos del libro:

 

 

 

 

Alejandro Marat (1957)

 

SOLEDAD

Frente a la inmensa soledad
con tus ojos amarrados a las multitudes
intentas rescatar de las cloacas las alas de unos pájaros
pero tus ojos ni poseen toda la luz del mundo
                                                                      /para repartir alas
a los que caen de espaldas, a cuchillazos,
a los que se quedaron ciegos
sin que nunca pudieran ver un país posesionado
                                                                      /por la primavera.

¿Dónde estás soledad?
                                        Maldita
                                                           ¿Dime?
                                                                             Habla
                                                           Háblanos

Sentí la soledad y nadie lo sabía
y prisionero bajo los escombros de los tejados
así permanecía
como un niño que reza en una sacristía.

Flacos mis dedos, de trapo mi rostro
y arrodillado ante una mortal llamarada
como un niño que reza en una sacristía
le pedí al tiempo, agitador inconmovible de las fieras
no sentirme nunca más solo en este mundo

y me volví a arrodillar
como un niño que reza en una sacristía.

 

 

 


ASÍ PASA EL HAMBRE DEL MUNDO

Como pasan el hambre y el sudor humano
despojados de las más bellas armaduras
reinos y endurecidos tribunales otoñales
porque en este juego mortal
de disputas y arrancados sueños
no soy más que un poeta
que oculto en la noche,
aguarda encarcelado
la delirante inundación del verso
y el pan de la tragedia
que yacen debajo de las cloacas
por donde corren
el sudor y las lenguas impuras del mundo.

 

 

 

 

 


Eugenio Verde-Ramo Olmos (1965)

 

VI

Todos los días, a pesar de la oscuridad y de la lluvia,
                                             /salgo a la calle a trabajar y a sonreír.
Pero sobre todo confiando que más tarde o más temprano
/vas a salir de tu aislamiento al fosforo y autoimpuesto.

Voy calculando las distancias más cortas para soslayar
                                                                         /el furor de tu mirada,
para atenuar el frio cortante de tus palabras y ascender
                                                          /las rocas del dolor y la angustia.

Todas las noches apoyo in instante mi cabeza en la pared
Y al final la golpeo, tratando de disuadirme y aceptar con
alegría que no sos una mujer ni un hombre. Que no sos un
animal ni una planta. Sos una cosa sin código y sin tecla, sin
Dios ni ley.
Tu nombre es desolación, soberbia, ignorancia, hundimiento.

Para vos, nunca más, ni besos, ni soles, ni lunas.

 

 

 

IX

Tengo la mierda hirviendo de ver cómo no se te mueve
                                                  /un pelo con el dolor de las calles,
con la impavidez de los pequeños gigantes malos.

Me emputa que no tengas el mínimo miedo
                                   /a tu más remota conciencia.

Que pateés a los perros, que botés comida,
                                   /que no besés nunca, que la mires de palco.

Te volviste horrible.

Voy a lanzarte sin escrúpulos y sin asco a la más abominable
                                                                /de las alcantarillas.

 

 

 

 

 


Víctor Paz Irusta (1962)

 

ORGASMO DE CIUDAD

Beso, la sexualidad del grito de mi ciudad
en cántaros de lluvia de urbe adormilada
en angustias de perla y monedas desfallidas.
La soledad es el brazo falso que cría conejos
y vuestras amantes son fieras vivas acorraladas
                                                            /por los celos…

¡Qué más da si una perra es florida por su amo
y en mil rostros de espejos de voces enceguecidas
la nostalgia nos muestra un pasado que no huele a nada!
Hoy los poetas intentan ser más que homosexuales…
cancerberos del mismo diablo y el inframundo.

La nostalgia tiene pedazos de hierro en tus zapatos.
Por tus calles habré sembrado la hoz de mis huellas
para mirar impávido la nostalgia de tus brazos caídos
en aquella mirada que es caverna en tus huesos
                                                                /como espacios vacíos.

Moriré por mi ciudad acicalado de rasgos húmedos
                                                                 /en tus sueños.
Qué más da un orgasmo desvalido que mil intentos suicidas.
Mi voz es la perra parturienta que brama mugidos de letras
ya no me siento el mismo que navega en tus brazos ajenos.
La ciudad abre sus pasos a catalépticos perturbados
                                                                   /por la muerte…
Y a vos te encuentro en las mismas, ¡con el paño
                                                                  /mojado de orgasmos!

 

 


LA CIUDAD DE LOS CULOS…

Besaría tu silueta hacia un paso desmigajado,
cisne alado en quinto movimiento de orgasmos.
Sin pedir cantos te besaría en los labios.
¡Loca y aventurera! ¡Por tus culos esta ciudad
                                                       /no está muerta!

¡Aquí nadie está muerto! ¡se vive la alegría!
Son tuyos los pasos de tibias noches
En amaneceres clavados de levedad y de pasiones.

Quien hizo parir lindas doncellas y bellas gíraselas
en el transitar de neón de corridas noches.
Así no hubiese un racimo de encanto o un hilo de embrujo
estoy seguro de que vos beberías de la gracia de los besos.

¡Santa Cruz! ¡Por tus culos esta ciudad no está muerta!

 

 


Fundación La Raíz Invertida
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