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02 Ene 2018 / 12:43 pm

 

Héctor Cañón, Premio Internacional Paralelo Cero 2018

 

Por quinto año consecutivo, el Encuentro Internacional Paralelo Cero y la Editorial ecuatoriana El Ángel Editor convocaron al concurso Internacional de Poesía Paralelo Cero. En está ocasión el premio se lo llevo el poeta colombiano Héctor Cañón Hurtado (Bogotá, 1974) con el libro Cuarteto elemental que, a decir del jurado calificador: "es una apuesta por la nostalgia y esos no lugares donde pretendemos volver. Posee una fuerza verbal difícil de obviar y una plasticidad que nos logra atrapar desde los primeros versos".

El Jurado del Premio, conformado por cinco poetas de reconocida trayectoria en el mundo de las letras hispanas: Raquel Lanseros de España; Alex Lima de Ecuador; Lizette Espinosa de Cuba, Jorge Gomez de Ecuador (Premio Nacional Paralelo Cero 2017) y Juan Carlos Olivas de Costa Rica (Premio Internacional Paralelo Cero 2017) se vio en la difícil tarea de leer 76 libros de todos los países de América y Europa para escoger 21 libros como semifinalistas. Y más tarde redujeron el grupo a los 6 finalistas.

La ceremonia de premiación y la presentación del libro ganador será dentro del marco del Décimo Encuentro Paralelo Cero a celebrarse del 18 al 24 de marzo de 2018. Además del libro ganador, el jurado decidió mencionar a un finalista, el poeta mexicano José Landa (1976), con su libro Bajo el cielo ceniza.

Acá una selección del libro ganador:

 

 

De Antes de las olas, el agua


HOJAS EN LA CORRIENTE

Hay planetas flotando en el río,
hay un río hablando de prisa
como si estuviéramos muriendo
y un hombre soñando la corriente
de su reflejo en el cielo.

Hay hojas en la corriente del río.
Hay también un hombre
un río
y planetas en la corriente del hombre.

Hay un río soñando que es hombre
y un hombre flotando en la corriente.

 

*

 

PALOMINO

Los planetas
son peces del cielo.

Esta noche vinieron todos
porque sienten curiosidad
de mirar un mar en reposo.

Las olas siguen trabajando
y su música es luz en la costa.

Hace calor,
la ceiba reposa
y sus hojas están tan calladas
que oímos el pulso azul de los planetas
y los secretos que la orilla
guarda del agua.

 

 

 De Al amparo de las hojas que agita el caminante

 

SUFICIENTE POESÍA

La última cuesta
es el propio cuerpo,
el color de los paisajes
se desdibuja en la cima.

Aunque se hable muy alto,
solo oímos lo que calla
la cumbre despejada.

El frailejón no acepta
los halagos de la muerte,
una hoja en blanco
es suficiente poesía.

 

*

 

EL FUEGO PERMANECE

Sé que no voy a morir mañana,
aun quedan poemas en el lápiz.

Ahora mismo quiero escribir
que el día de mi partida
estaré de acuerdo.

Dolor es dormir
con los ojos abiertos
y soledad un pan invisible
que no se puede compartir.

El fuego permanece
porque dice la verdad.
Toda vela termina por apagarse.

 

 

De El desvanecimiento del contorno

 

NO ES EL HAMBRE IMPLACABLE
devorando al jaguar
ni el cuerpo insistiendo en bañarse
una vez más en el mismo río.

No sucede el círculo de los siglos:
el hombre escribe la noche
y el aire la atraviesa sin hacer ruido.

 

*

 

ATRAPAR UN PUÑADO DE AIRE
alienta más a escribir a la mano frustrada
que cerrarle los párpados a un cadáver.

Cambiarse de nombre es extravagancia
y escribir poemas una disculpa
para arribar tarde a la cita con la muerte.

Volar no es lo que hace libre al pájaro,
sino el hecho de que el testigo
no encuentre su rastro en el horizonte.

 

*

 

De Los frutos de la ira prohibida

 

LA VOZ DEL OTRO LADO

Marque uno si está dispuesto a esperar. Marque dos si desea asesinar a uno de nuestros operarios. Marque tres si prefiere ahorcarse con el cable del teléfono. Marque cuatro si aun está ahí. Marque cinco si en la larga distancia experimenta vértigo o nostalgia. Marque siete siempre que nos llame. Marque seis si está dispuesto a entender que no tenemos línea y que el sistema es su propio error. Marque ocho cuando ya no tenga dudas. Marque nueve cuando entienda que usted mismo es quien contesta. Marque cero cuando no quede más para decir.

 

*


APEGO

Bebe, come y fornica hasta sentirte insatisfecho. Ponle alambre de púas a los muros de la noche que te habita, si no la luna podría robarte algunos sueños. Cuando sientas frío quema en la chimenea la cordura frágil del invierno. La belleza arde con diligencia. Mantén a raya a la inevitable muerte. Al fin y al cabo es una soberana desconocida. Olvida el paraguas cuando lluevan infortunios y usa cobijas de lana para abrigar al insomnio. Duerme ocho horas diarias para que tu despedida te sorprenda descansado. Corrige en el espejo lo que no tiene remedio, no olvides anudar tus botas antes de meterte al ataúd y pon la alarma a las seis de la mañana. La muerte es sorda y no acepta reclamos.

 

 


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