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22 Dic 2017 / 21:16 pm

 

Por Jenny Bernal* 

 

En el 2016 se editó el libro de poesía Montuno del escritor colombiano Hernán Vargascarreño a cargo de Ediciones Exilio. Pese a que se publicó el año pasado, muchos supimos del libro durante el 2017, en particular, por hacer parte de los finalistas del Premio Nacional de Poesía del Ministerio de Cultura. Montuno es un trabajo poético en el que se resaltan los lugares de la memoria, el paisaje y un apartado final que, sin buscar encasillar el libro en un único tema, se permite la presencia del sueño a partir de la metáfora del tren.

El libro abre con una dedicatoria a las montañas de Santander, la familia campesina, las largas caminatas del poeta junto a su madre, entre otros. Ya desde ese instante el poeta nos sitúa en un territorio íntimo que conversa de manera armónica con la naturaleza del lugar que retrata y la cultura campesina.

Montuno está dividido en cuatro breves apartados. El primero lleva el nombre del libro, allí se presentan personajes y situaciones que son descritos por Vargascarreño, quien no sólo evoca el lugar del recuerdo, sino que hace partícipes a los espectadores de aquel paisaje propio, pero a la vez universal. El poeta ve en el lugar en el que todos pasan sus ojos de largo. Las imágenes a la vez describen y expanden la mirada de lo que se observa, como cuando en el poema “Las bestias” el autor señala: “Afuera, las bestias nos esperan en su sombra como la silueta de un sino que nos pertenece”.  

El segundo apartado lleva el nombre de “Caminos”, en éste el poeta nos invita a iniciar un recorrido a través del paisaje y la remembranza, “estas montañas, / extremidades del mundo/ abandonadas a su propio sueño”. Se destaca en este segmento el poema “Caminos del destierro” que es un conmovedor diálogo entre la madre y el poeta, e inicia con los siguientes versos: “Mira hijo, cómo esos helados ramajes/ se beben las neblinas que un día/ se volverán cantos de pájaros”. Otro poema interesante en “caminos”, es“El llamado” en el que el poeta habla de su padre y se permite fabular el momento de su concepción. El poema se refiere a unos padres que ya no le hablan, que han agotado sus palabras.

El tercer segmento del libro lleva el nombre “Páramos”, éste exalta dichos ecosistemas, la vida, la belleza y su silencio. Finalmente, Montuno cierra con “Trenes soñados” en el que se manifiesta la atmósfera del sueño, con un trabajo metafórico en el que hay una mayor presencia del misterio y la reflexión por el oficio poético. Los trenes como un tránsito al que se llega sólo después de haber pasado por los lugares de la familia, el recuerdo y el paisaje.  

La sencilla edición de Montuno puede parecer para el lector distraído que busca las grandes editoriales, los nombres más reconocidos o las lujosas ediciones, un libro más entre la ruidosa lluvia de publicaciones. No obstante, el lector inquieto y atento podrá permitirse la compañía de Montuno un libro valioso que a la vez es viaje, vivencia y sueño.

 

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María Lucía

La María Lucía ya deja asomar las ganas de un hombre. Ya no nos mira a los ojos porque nos sabe sus hermanos. Pero nos atisba el torso desnudo y sudado cuando rajamos y cargamos leña, se alela por momentos en nuestras grandes manos callosas, y hasta la he visto oliendo mi sombrero mientras descincha mi bestia. La María Lucía pasa ahora como una sombra entre nosotros, que somos oscuro zumo y sombrío semen de estas montañas. María Lucía precisa su luz bien lejos, al otro lado de las cordilleras, donde hay valles y sol, y los hombres pueden ser alegres como sus perros.

 

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Filos

 

Es la hora en que las montañas ocultan sus filos tras las neblinas, esos vahos de los dioses que no abandonan a sus hijos relamidos por el monte y aromados por sus almizcles de sombra. Y no sabemos qué nos causa más temor, si el eco de los gritos de los pájaros que no se ven, si los filos transfigurando sus siluetas, si las neblinas engullendo tenebrosamente el mundo o las sombras todas del universo, suaves serpientes que se deslizan en silencio y anidan pecho adentro.

 

 

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Hernán Vargascarreño

Zapatoca, Colombia, 1960. Libros publicados: País Íntimo (2003); Piedra a piedra (2010); Tempus (2014); antología El viaje (2014); y Montuno (2016). Ha recibido, entre otros, los siguientes reconocimientos: Premio Nacional de Poesía Antonio Llanos (Cali, 2000), Premio Nacional de Poesía sin banderas, de la Casa de Poesía Silva (Bogotá, 2003); Premio Nacional de Poesía José Manuel Arango (2010).

Mayor información sobre la publicación Montuno escribir al correo: fundacionexilio@gmail.com

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Jenny Bernal

Editora en la Revista Latinoamericana de Poesía La Raíz Invertida. raizinvertida@gmail.com

 

 

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