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04 Ago 2016 / 10:48 am

Selección y traducción por Carlos Llaza

Carver, Raymond (2003) All of us London: Harvill Press.

Trad. Carlos Llaza


BEBIENDO EN EL AUTO

Es agosto y no leo
un libro desde hace seis meses
excepto algo titulado La Retirada de Moscú
por Caulaincourt.
No obstante, estoy contento
en el auto con mi hermano
y una lata de Old Crow.
No tenemos ningún destino en mente,
tan solo vamos.
Si cerrara los ojos por un instante
estaría perdido, aun así
podría recostarme a dormir por siempre
junto a la ruta.
Mi hermano me codea.
En cualquier momento, algo está por pasar.

 

LA CORRIENTE

Estos peces no tienen ojos
estos peces plateados que vienen a mí en sueños
a esparcir huevas y lecha
en los bolsillos de mi mente.

Pero hay uno que asoma—
grueso, marcado, silencioso como el resto,
que sólo aguanta contra la corriente,

cierra la boca oscura contra
la corriente, cerrando y abriendo,
mientras resiste contra la corriente.

 

FELICIDAD

Tan temprano que aún está oscuro.
Me acerco a la ventana con un café
y los asuntos matutinos que
se disfrazan de pensamientos.
Entonces veo al niño y su amigo
subiendo la calle
para repartir el diario.
Llevan gorras y suéteres,
y uno de ellos un bolso al hombro.
Van tan felices
que no dicen nada, los niños.
Creo que si pudieran, se tomarían
del brazo.
De madrugada,
y se hacen cargo los dos juntos.
Lentamente se acercan.
El cielo empieza a brillar,
aunque la luna todavía cuelga, pálida, sobre el agua.
Tanta belleza que por un instante
muerte y ambición, incluso amor,
no tienen cabida.
Felicidad. Surge
sin previo aviso. Sobrepasa, claro,
cualquier charla matutina al respecto.

 

POR EL ORIENTE, LUZ

La casa aulló y se sacudió toda la noche.
Hacia la aurora, llegó la calma. Los niños,
en busca de algo de comer, se abren
paso a través del sinsentido de la sala
para llegar a la hecatombe de la cocina.
Ahí está el padre, privado en el sofá.
Claro que se detienen a mirar. ¿Quién no?
Oyen violentos ronquidos
y enseguida comprenden que las viejas costumbres
han vuelto. ¿Alguna otra novedad?
Pero el más grande horror, lo que los hace clavar la mirada,
es que el árbol de Navidad está destruido.
Yace de lado frente a la chimenea.
El árbol que ellos mismos decoraron.
Es inservible ahora, carámbanos y bastones de azúcar
cubren la alfombra. ¿Cómo pudo pasar todo esto?
Y ven que el padre ya abrió
el regalo que le hizo la madre. Un pedazo de cuerda
que asoma a medias por la linda caja.
Deja que se cuelguen
juntos, es lo que quisieran decir.
A la mierda con todo, y ellos
también, es lo que piensan. Entretanto,
hay cereal en el aparador, leche
en la heladera. Llevan sus platos
hacia la tele, buscan qué ver
para olvidar el desastre que los rodea.
Ahí va el volumen. Más y más fuerte.
El padre se da vuelta y gruñe. Los niños ríen.
Y un poco más el volumen para que sepa
que sigue vivo. Él alza la mirada. La mañana comienza.


NYQUIL

Llámalo voluntad de hierro. Durante meses
no probé el primer trago
antes de las once p.m. No tan mal,
después de todo. Fue en la fase inicial
del asunto. Conocía un tipo
que había optado por Listerine.
Quería dejar el scotch.
Compraba Listerine por cajas
y lo bebía al mismo ritmo. Llevaba en el asiento
trasero del auto una pila de soldados caídos.
¡Esas botellas vacías de Listerine
brillantes sobre el asiento inflamado!
La imagen me envió en busca de mi alma.
Creo que lo hice un par de veces. Como todos.
Descender ahí dentro y explorar,
llegué a pasar horas, pero
no conocí a nadie, ni encontré nada
interesante. Volví al aquí y ahora,
y me calcé las pantuflas. Me serví
un buen vaso de NyQuil.
Arrastré una silla a la ventana.
Donde vi el esfuerzo de la luna pálida
por elevarse sobre Cupertino, California.
Atravesé la espera oscura con NyQuil.
Y entonces, ¡Jesús bendito! el primer rayo
de luz.

 

***

Raymond Carver,1939-1988, Estados Unidos.Falleció en pleno reconocimiento de su carrera como escritor. Aparte de varios libros de poemas, es autor de cinco libros de relatos, un género en el que ha quedado consagrado como uno de los grandes escritores de las últimas décadas.
tomado de: www.anagrama-ed.es

Carlos Llaza, 1983, Lima.Poeta, periodista y traductor.


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