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30 Ene 2013 / 11:55 am

 

 

Selección y nota por Henry Alexander Gómez

 

La ligera línea de la noche, como un sueño dentro de un sueño, envuelve el erotismo que cabalga la poesía de la ecuatoriana Julia Erazo (Quito, 1972). Su estética es suave y contundente; un lenguaje que se hilvana con la ingravidez de la nube y el destello del relámpago. El juego preciso, la palabra solitaria que se enreda entre “sábanas de viento”.

Presentamos una muestra de poemas de una de las voces más importantes dentro de la poesía contemporánea ecuatoriana. La selección pertenece a los libros Tu verano en mis alas y Verbal, publicados conjuntamente por La cabra Ediciones de México, D. F., en el año 2012.

 

 

 

 

TRUEQUE
 
me regalas un ramo de palabras rojas
un ramo de diablesas
un beso que perfora una pared de heliotropos
 
hoy no hay onomástico
no existe nuestro aniversario
no ganó ninguna batalla el crepúsculo
 
encontré tus lágrimas desnudas
las enjugaron mis hombros

 

 

DESORIENTACIÓN 
 
la tarde nos enseña sus áureos colmillos
Nos muerde el torso los hombros
Se embebe en mi cuello
 
en tu mirada un par de murciélagos extraviados

 

 

ENTONCES LOS PÁJAROS 
 
resbalo en el jabón de tus labios
caig
       o en pi
                  c
                  a
                  d
 
 
                  a
 
alas de espuma mis manos

 

 

DE MARIPOSAS
 
tomas la miel de mis heridas
atas tu verano a mis alas
 
remontamos entre sábanas de viento
 
nos persiguen demonios
                                       y dioses

 

 

NÉCTAR 
 
el temor se enreda en los brazos del naranjo
se crispa entre sus ramas
 
un joven colibrí clama por alimento
 
entre estambres y pistilos
el ave se abre paso
entra resbala vence es vencido
desata olas de rocío
 
la brisa se incorpora para saludarle
plumas azules baten su cuerpo
 
alcanza el néctar

 

 

TRÉBOLES Y HOJAS
 
tréboles de cuatro hojas ascienden al cielo
arropan mi cuerpo desnudo
lo guarecen de la lluvia de las tormentas solares
 
alguien dice mi nombre me llama a través del bosque
 
pero yo he dejado todas mis pertenencias olvidadas
para sufrir la vida de los árboles
para clavar mis raíces como dedos sedientos buscando
otras manos
 
solo los tréboles de cuatro hojas pueden ascender al cielo
trepar por mi cuerpo desnudo
cubrirlo guarecerlo dejarlo ser sin nombre
 
el bosque productor de ecos distantes calla

 

 

PASEO MARINO 
 
debajo de mi falda
una playa sin orillas
                          tu cuerpo

 

 

MUDANZA
 
llega de un país lejano del ahora
 
sobrevuela los andenes
como pájara recién parida
 
encuentra la barrera del aire
lo fértil e infértil de la tierra
 
por la tarde sembrará los sueños
un hogar para el hijo
                       heredero del último viaje

 

 

RUIDO SALVAJE
 
el invierno ha sepultado tus huellas irremediablemente
 
una araña ata los hilos sueltos
algunos pies corren descalzos por mi casa
 
no queda rastro de ti
sólo un poco de azúcar derramado sobre la mesa

 

 

PALABRA
 
tus poros tus caras tus fracturas
tus azules tu granja de lunas
tus cigarrillos tus tacones
tus abrigos sin mangas
tu invierno descalzo
tus uñas torcidas
tu hipotermia
tus cristos
tu polvo
tu luz

 

 

PUERTO
 
partimos una y otra vez
navegamos en un extenso río
llegamos a un cruce
nos aprietan las botas de agua
allí hay una residencia
un caracol cerca de la orilla

 

 

PARAGUAS
 
ya parte el tren
se lava el adiós a través de las ventanas
 
queda el violeta de la tarde
y unos cuantos paraguas
 
 
             cerrados
 
 
 
                          perplejos

 

 

CADALSO
 
un buen día
 
un hombre saca sus redes
pesca su sed
 
vuelve a llenar su redoma
 
sus pasos han desdibujado el camino
intenta rehacerlo con las manos
 
un buen día
 
ellas aprietan su cuello

 

 

AMNESIA 
 
la escoba ha quedado abandonada
 
la abuela escucha apenas
llantos lejanos de carretas
 
de vez en cuando su rostro
sobre la opacidad de una taza
 
de vez en cuando de la regadera
un elixir para el pasto seco
 
de vez en cuando el crujido de tablones
bajo el peso del olvido
 
ay la abuela
 
un cardumen de fantasmas
la acompaña la arrastra
 
un cántaro de silencios
le ha sembrado canas y miedos
 
un sol nocturno
la sepulta

 

 

 

Julia Erazo (Quito, Ecuador, 1972). Ha publicado el cuaderno de poesía Imágenes de viento y de agua (2008) y el libro Verbal (2008). Sus textos han aparecido en antologías y revistas ecuatorianas y extranjeras como EskeletraPalabra de mujerMangoLos amigos de lo ajeno (Buenos Aires), Punto de Partida (México), revista virtual Círculo de poesía (México), El Cobaya(España), así como en antologías de la lírica ecuatoriana actual, entre ellas, Ciudad en verso (2004), La voz de Eros. Dos siglos de poesía erótica de mujeres ecuatorianas (2006), Antología de poesía ecuatoriana. De César Dávila Andrade a nuestros días (La Cabra Ediciones, México, 2011) y antología franco-hispana Apartar lo blanco de la luz (2011). Es coautora del libro La voz habitada. Siete poetas ecuatorianos frente a un nuevo siglo (2008).

Su obra es reconocida por la crítica como una de las voces más centradas, notables y verdaderas de las últimas promociones de poetas ecuatorianos.

 

 


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