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03 Feb 2013 / 12:29 pm

 

Nota y selección por Jenny Bernal

 

Medellín al igual que otras ciudades colombianas es cuna de grandes poetas, cada vez que retomo desde la lectura dicha ciudad encuentro maravillosos hallazgos. Luis Arturo Restrepo es un poeta que nace en 1983, su poética se construye con el cuidado del alfarero; gracias a ello empieza a vincularse con fuerza al grupo de principales exponentes de la actual poesía nacional.

La presente muestra es una selección de poemas de dos libros del poeta colombiano. El primero es Apuesta de cenizas el cual en palabras de Lucía Estrada “recobra una antigua mirada, una lucidez, una aguda atención al devenir del hombre entre las cosas y frente a la naturaleza, frente al amor, el deseo, la esperanza, el olvido y la muerte, en cuya cercanía sentimos ascender el ritmo sostenido de sus palabras”

Por otra parte está el libro Réquiem por Tarkovski, un libro que viaja entre las cenizas de la ausencia y conversa con el lector a fuerza de los mandatos del silencio. Su segundo trabajo explora la prosa poética y conserva como en el primer libro, el tono reflexivo que surge de la pregunta. Luis Arturo habla desde la sinceridad de la palabra, lo cual permite recobrar aquella motivación inicial del poema de romper las barreras figurativas y sumergirse (con todo el vértigo que ello sugiere), en el alma de los temas que dominan su trabajo: el amor, el destino y la esperanza.

 

 

De Apuesta de cenizas (2010)

siento sed de mí, de ti, cuando me tienes y no

estoy

y sólo soy ese instrumento raído por tus manos

 

Siento sed de mí, de ti, arenas ambos diluidos

en aguas distantes

 

Siento sed de mí, de ti y sólo el vértigo de la

caída

logra saciar la desnudez que me impones

el tiempo. Parquedad que agrieta la espera. Hoy

será, quizás, el día señalado

 

En la vertiente de un río que huye de sí mismo

voy dispuesto a la distancia que se me

imponga. Nadie sabe de mí, mas sé que me

esperan, todo en ellos es una reunión de

secretos olvidados

 

El horizonte es siempre el mismo, un ápice que

inventa respuestas

 

Sopeso el olvido, la espera, la calma. Sigo

buscando la palabra en que se funda esta

huída

 

¿vendrá alguien a visitarnos?

 

Aquella idea del horizonte sólo nos sirvió

mientras vivimos

Ahora nos queda el silencio, el temor

innombrable de su vacío

 

Parece que su voluntad fuera este olvido

mujer, te llevo en mí como quien lleva en la

espera su destino

 

Soy de ti en la palabra, en cada despedida que

guardo en los ojos

 

Cuerpo inmerso en el tuyo, devorado en otros

cuerpos

 

Soy quien va sobre el mar, inútil al viento.

Lejos ya, carne muerta piel desnuda, y tú,

bella sombra de mis días, la sal que cura, la

palabra que tiembla, el temor constante que

clama por la espera

De Réquiem por Tarkovski (2012)

tiento en el vaho la posibilidad de descifrar las palabras que por mis dedos salen.  Descubro entonces que mi mano es sólo un puño al que se anudan la escarcha y la sangre. Cuando abro los ojos el perro que me lame huye de mí.

Nuestra mirada es un solo trazo que nunca más borrará la noche.

he guardado las aguas con la devoción de quien alberga una roca ante la dureza del frío. Llevo años siendo en ellas el vapor en que se van. Su secreto no lo pretendo, únicamente inquiero el calor, la calidez de sus burbujas reventando en el rostro de quien respira.

Sólo así, cada vez que vuelva el invierno con su inmovilidad, podré detener sobre su cauce una gota de agua que nos recuerde para siempre la temida esperanza.

el techo de mi casa es ahora la lluvia. Descubre tus pies y deja que se aten al suelo hasta echar raíces. Tus lágrimas serán las semillas germinando sobre el agua.

Todo lo que intentes de aquí en adelante será un golpe vano sobre la tierra. La piel es el fruto que han de comer los cuervos. En ellos alcanzaremos el cielo.

Tus pies y los míos hacen parte del mismo nudo.

no digas noche, sólo porque la luna madura sus gajos bajo la mirada de cada estrella. No digas madre, sólo porque  la oscuridad desaparece el vestigio de los animales que reclaman tu canto.

Guarda cada palabra. Oculta todo vocablo tras tu sombra, no dejes que el cielo los descubra; si esto ocurre, huye a las aguas sedosas, siempre han esperado por ti. Prefiere la lengua de las mariposas al ronco gemido de los enfermos. Recuerda que cada sílaba pone en evidencia al mundo.  Sólo así será tuyo el silencio que todo lo nombra.

 

Luis Arturo Restrepo (Medellín, 1983). Profesor de la Universidad de Antioquia. Ha publicado los libros de poesía Apuesta de cenizas, Tragaluz Editores 2010 y Réquiem por Tarkovski, Sílaba editores 2012.

 


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