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21 May 2013 / 05:24 am

   

Selección y nota de Henry Alexander Gómez

 

Una singular transparencia rodea la escritura de Hugo Mujica (Buenos Aires, 1942); en sus poemas hallamos una profunda levedad que cautiva desde el primer instante. Desde la síntesis y la brevedad del lenguaje, desde los hilos invisibles que exploran el silencio del mundo, desde una catarsis que se debate en el ver y no ver, desde la pupila ígnea de la noche que se expande y se dilata, Mujica nos llena de preguntas y nos muestra los enigmas del ser y la existencia en un universo que es rodeado por un misterio inefable.

Su escritura nunca se derrumba. En sus poemas, invariablemente cortos, con un idioma simple, sin artificios y donde el poeta siempre se desnuda, cada verso es una ligera hebra que ata poderosamente la poesía.

Presentamos para la Revista Latinoamericana de Poesía La Raíz Invertida, una muestra de sus poemas publicados entre 1983 y el 2004. Una obra totalmente sólida que invita a escuchar una música que contempla pequeños guijarros que se acuestan en lo claro y oculto de la vida.

 
 
 

De Brasa Blanca (1983)

 
 
 

37.
 
Nunca
mis pupilas
dilataron tanta noche.
 
Y sólo escucho
el silbar de un tren
                    alejándose.

 
 

51.
 
orfebre de cenizas
todo hombre
cribando sus brazas
 
¿espaldas de qué mares
                        las dunas que andamos?

 
 
 

De Sonanta de violonchelo y lilas (1984)

 
 
 

1.
 
bosque talado,
 
grita,
pero no sabe que grita
 
como el ángel de mármol
                       sobre la tumba de un niño

 
 

7.
 
guardianes de vacío:
                          cada ángel ahueca un iris

 
 

13.
 
llueve,
 
semillas de agua siembran
verde en los muros
 
un gato salta techados
y una rosa blanca
                     enrojece el ocaso

 
 
 

De Responsoriales (1986)

 
 
 

27.
 
hay un dios mirándose
                         en la ceguera de cada hombre.
 
hay un destino de seguir repitiendo la única vez,
de recorrer el mismo umbral
                            donde me senté de niño
                                         a ver enceguecer a dios

 
 
 

De Escrito en un reflejo (1987)

 
 
 

35.
 
un ciego buscando con sus manos
                                    sus manos sobre el espejo:
 
me he mirado en muchas pupilas
                      pero sólo me nazco de espalda a mis ojos

 
 

45.
 
como ser la sed desde otra garganta,
o la mirada
que no cabe en tus ojos.
 
¿cuándo leerás mis poemas
                                 dios de mi ceguera?

 
 
 

De Paraíso vacío (1992)

 
 
 

LUNA SOBRE LAS OLAS
 

Hay una luna sobre las olas y en el viento un canto que nadie canta. Sobre la playa, con los ojos vendados, seis niños caminan cargando un ataúd abierto. Caminan mar adentro al paso del canto que nadie canta.

 

Sobre las olas se mece el féretro como una cuna vacía mientras se ahogan bajo las aguas los gritos que nadie escucha.

 

Hay una luna sobre las aguas.

 

CICLO
 

Un ciego, en medio del desierto, cava con sus manos un pozo redondo: esculpe una imagen a semejanza de la imagen de lo único que le fue dado ver.

 

Una tribu trashumante saca del pozo agua, sacia su sed, deja su andar. A su alrededor aran, siembran árboles, instalan sus tiendas, edifican ciudades e inventan ciencias para que los ciegos puedan ver.

 

Tiempo después (cuándo la arena ya fue sepultada en los muros), poderosas cavadoras ahondan el pozo y, uno a uno, arrojan allí a los ciegos penitentes que se niegan a abrir los ojos para no dejar de ver.

 

Las hojas de los árboles comienzan a secarse.

 
 
 

De Para albergar una ausencia (1995)

 
 
 

ALBA
 
Quieto,
 
como no moviéndose
para que la sangre no rebase
la boca
 
Quieto,
 
como sintiendo un pájaro
herido
en la palma de la mano
 
sin cerrar la mano
sin abrir los ojos.
 
hay una fe que es absoluta:
 
                     una fe sin esperanza

 
 

HAY PERROS QUE MUEREN DE LA MUERTE DE SU AMO
 
Hay perros
que mueren de la muerte de su amo
 
cuerpos que no hacen el amor,
hacen el miedo
 
que no se agitan,
                  tiemblan.
 
Y hay hombres
en los que muere dios
como una gota de lacre
sobre el pecho
             de un torso de mármol,
 
son los que lloran cuando creen
estar hablando,
o gritan soñando, pero al alba
olvidan el grito
con que encendieron la noche.
 
Hay hombres en los que gime dios
por no encontrar un hombre
                  donde morir de carne,
 
pero no llora como quien lo hace
solo,
llora como quien llora abrazado a un niño.

 
 
 

EN LA NOCHE SOBRE LA PLAYA
 
hay lunas
que pintan de cal las noches,
 
noches en que el silencio
arde
mientras el viento hace girar
cenizas en su rueda sin destino.
 
quedaría hacerse casa,
ordenar los escombros
o cavar
en las cenizas
la imposible madriguera
 
morder los labios
para probar el filo
                 de los propios dientes
 
o elegir la mansedumbre
de cerrar los ojos
y esperar
 
como un caballo en la noche
tumbado
sobre la playa,
 
un caballo caído
                      con la pata quebrada.

 
 
 

TIERRA QUEMADA
 
hay un monje arrodillado,
su vida un sudario
en el que nadie
                   jamás se ha secado.
 
una virgen cose
con una aguja sin hebras
el traje para su bodas
 
y está todo hombre
cortándose las palmas de las manos
de tanto apretar los puños,
 
o abriéndolas como un naufrago
para hacer señas
                       a nadie.
 
hay el único desierto:
el no haber partido,
                      el saber que no habrá llegada.

 
 
 

De Noche abierta (1999)

 
 
 

TRAZOS
 
la luna traza teguas en las noches,
 
bordes
entre una sombra y otra sombra,
 
bajo su luz, un perro
apedreado
sangra un reguero,
                         traza una profecía.
 
abajo, o adentro de la noche,
un ciego camina
leyendo
con sus manos el vacío en cada grieta,
 
palabra a palabra
avanza hacia el final, vacío a vacío
                                       descifra todo destino.

 
 

HACE APENAS DÍAS
 
Hace apenas días murió mi padre,
hace apenas tanto.
 
Cayó sin peso,
como los párpados al llegar
la noche o una hoja
cuando el viento no arranca, acuna.
 
Hoy no es como otras lluvias
hoy llueve por vez primera
                 sobre el mármol de su tumba.
 
Bajo cada lluvia
podría ser yo quien yace, ahora lo sé,
                        ahora que he muerto en otro.

 
 
 

De Sed adentro (2001)

 
 
 

EN PLENA NOCHE
 
También en plena noche
la nieve
se derrite blanca
 
y la lluvia
cae
sin perder su transparencia.
 
Es ella, la noche,
la que nos libra de los reflejos,
 
la que nos expande
las pupilas.
 
Lo que busca con su bastón
                     el ciego es la luz, no el camino.

 
 

DANZA DE NADIE
 
Sopla el viento
 
y mece silencios sobre los sueños
                                       del mundo;
 
una gasa blanca vuela sobre
los techados,
flamea mientras cae,
                      anuncia mientras calla.
 
Danza de nadie y de todos
                               la deriva que aletea.

 
 
 

De Casi en silencio (2004)

 
 
 

LO AJENO
 
Sobre el muro,
inmóvil,
un gato dilata sus pupilas hacia
                                        la noche.
 
Brillan ojos y luna,
 
y yo aquí,
ciego,
cuento lo que no veo:
                        digo la luz ajena.

 
 

BAJO LOS TECHOS
 
Bajo los techos
se oyen respirar los sueños
               en el callar de la noche;
 
en la calle
 
un niño,
sin sombra ni rumbo,
 
recorre el vacío de dios, paso a paso
                            desanda su esperanza.

 
 

LO IMPOSIBLE
 
Llueve sobre
el silencio de un plato vacío,
 
                        llueve
                    y se desborda lluvia.
 
Hay que derramarse hasta
                        lo imposible de uno mismo:
 
la herida sin decirse sangre,
                                       el alma sin saberse alma.

 
 

ARIA
 
Es noche, es frío
 
                      y en lo lejano
el canto de una mujer
                             parece acunar la vida.
 
La voz, no el silencio,
                           es la desnudez de las palabras.

 
 
 

Hugo Mujica, (Buenos Aires, 1942). Estudió Bellas Artes, Filosofía, Antropología Filosófica y Teología. Esta gama de estudios se refleja en la variación de su obra que abarca tanto la filosofía, como la antropología, la narrativa como la mística y sobre todo la poesía.

Entre sus principales libros de ensayos se cuentan Kyrie Eleison (1991),Kénosis (1992), La palabra inicial (1995), Flecha en la niebla (1997), Poéticas del vacío (2002), Lo naciente (2007), La casa y otros ensayos (2008) y La pasión según Georg Trakl (2009). Solemne y mesurado (1990) y Bajo toda la lluvia del mundo(2008), son sus dos libros de cuentos.

Su obra poética, iniciada en 1983, ha sido editada en Argentina, España, Italia, Francia, México, Estados Unidos, Chile, Eslovenia y Bulgaria. En 2005 Seix Barral la publicó en Poesía completa. 1983-2004, en 2011 se editó su último libro de poesía: Y siempre después el viento. Su vida y sus viajes han sido el material principal de su obra, hitos como el haber vivido y participado de la década de los 60 en el Greenwich Village de Nueva York, como artista plástico, o el haber callado durante siete años en el silencio de la vida monástica de la Orden Trapense, donde comenzó a escribir, son algunos de los mojones de su historia.

 


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