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30 Jun 2013 / 21:55 pm

  

Por Jenny Bernal

“Voy a destruir el lenguaje por artificioso”

Andrés Barbosa Vivas

   

Existen muchos caminos para dar con las apuestas actuales de poesía, cada día trae rumores de una nueva voz. En medio de esta creciente en la escritura actual colombiana, existe un pequeño grupo de autores que a causa de la fuerza particular de su palabra, las acciones de su impulso creativo o los pasos valientes en calles ciegas, logran  sacudir y transitar los rincones de la memoria, aún pese a su ausencia. A este segundo grupo de escritores pertenece Andrés Barbosa Vivas. Hace un par de meses se publicó en la ciudad de Bogotá el segundo trabajo póstumo del escritor colombiano, bajo el nombre de Alucinaciones y collages poéticos. Como señal de la persistencia en su decir poético la invitación a la presente lectura. 

En Alucinaciones y collages poéticos se lee una madurez y seguridad , la cual daba sus primeros acercamientos en los cuatro libros ateriores del escritor bogotano. Desde mi lectura, en este libro el autor encuentra el canto más cómodo; la poética más acertada a su búsqueda. El texto es un acercamiento a la experiencia de un observador minucioso, uno que descubre la piedra en el zapato; la adopta, la celebra y la exalta. Andrés evoca aquella mirada urbana, repasa la ciudad abismal y desde su transparencia se mezcla en la bruma citadina.

El libro como su nombre lo indica es una suerte de pasajes; encuentros; temas diversos e historias, los cuales delinean un collage poético. Barbosa transita entre la reflexión del oficio: “El silencio de la escritura es el dolor del viento”, la intertextualidad: “Isidore Ducasse escribe con sus manos/ el Marqués de Sade blande con su espada las armazones/ de la historia/ la oscuridad emerge/ de un costado de Baudelaire/ el dolor de Edgar Poe/ un mar amplio como el camino de los sueños” y la sinceridad de los hombres en la opacidad de las ciudades: “Me importa un bledo la sociedad/ y la soledad es/ el utensilio necesario”.

El placer, el erotismo, lo sobrenatural en la apariencia errada de lo mundano, las mujeres y sus múltiples rostros también son temas de interés para Barbosa:

 

“Santa Tatiana, madre de dolores

yo descenderé a la entraña del fuego

por el evangelio de la carne.

Karen, Michelle, Pamela, Juana y la Fernandita

como Dios vestido de lobo

yo descenderé a la entraña del fuego

por el evangelio de la carne

como jugador que reza sus dados

como el mercenario que besa su medalla.

como el mecenas que tiene el mejor restaurante

pero no tiene mujer

como el agiotista que no puede comprarlo todo

yo descenderé a la entraña del fuego

por el evangelio de la carne…”

   

El collage que traza el poeta bogotano, también da espacio para la premonición como el poema “7” en el que hay una evocación a  la muerte: “La luz de abril/ que abona mi muerte…”, o el tema del amor en el poema “Sensación del enamoramiento”; “en la casa donde siempre se es extranjero/ hiere la espada que entierra el amor”.

Finalmente, el trabajo de Barbosa se presenta como un collage en donde los sentimientos del hombre urbano se exponen alerta ante la belleza y el descubrimiento de lo sustancial que entrañan las cosas; incluso las triviales, las mundanas y las delirantes. Los hombres de ciudad no son estereotipos falsos, ni cantos embelesados del caos. Andrés nos vuelca la mirada sobre el estrepitoso corazón del hombre, en donde la palabra no se agota y de ser preciso se pretende “destruir el lenguaje por artificioso” para proponer, en cambio,  uno desde lo visceral y genuino.


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