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07 Ago 2013 / 15:23 pm

   

 

Nota y selección de Ana Corvera

 

La poesía de Javier Acosta parece sencilla. Sus metáforas son limpias, obedientes a la jerarquía de las verdades mundanas. Sin embargo, cada uno de los versos hace latir una certeza tan oscura y familiar como nuestras intuiciones: existe un mundo silenciado que no nos pertenece. En él se esconden las palabras precisas para invocar sin éxito a los dioses y el argumento necesario para errar, con gracia, incesantemente, de manera que el fracaso se convierta en una forma honrosa de vivir.

El poeta se desconoce como iluminado. Añora escuchar la gran canción, descifrar secretos personales en cada una de las notas entonadas por deidades semánticas. Busca en el lenguaje de los insectos, en la inmovilidad de la luna; se desdobla, reconstruye al otro, a sí mismo. Con una sólida base filosófica, Acosta reduce la distancia entre su lector y el universo simbólico ―indecible― que los rodea. Sus poemas tienen ojos atentos, manos deseosas pero tranquilas;  son abrazos dulcísimos frente a la pena más honda. Son breves certidumbres para defendernos del dolor.

 
 
 
 

De Melodía de la i, 2001

 
 
 

HAY UN DIOS PARA DIOS
 
Existe un dios creador de cada cosa
uno del medio día
uno de los relojes suizos
uno dios para encender los hornos del verano
uno para contar las vueltas de la Luna
uno para la lentitud y sus insectos
 
Debe existir alguno que viva en esta línea
un dios que haga girar el punto de la i
otro para mi ombligo
uno mejor que cuide el tuyo
otro que incline campanarios
 
Hay un dios de las cosas que no existen
de momento
es uno de mis dioses preferidos
Hay un dios para Dios
seguramente
otro para ese par. Y así hasta que te canses
Será tal vez por eso que un gracioso desorden
silba de vez en cuando su propio vals vienés
su no te vayas a morir
su no despiertes
O puede ser que exista sólo un dios
pero eso tiene poca gracia.

 
 

ELOGIO DE LA VIDA EN EL CONDADO DE MCALLEN (TEXAS)

Para Leandro

Conozco a esa muchacha que escribía
puntos y líneas de amor a los insectos
que en mi niñez descuarticé
con ética impecable de naturalista
 
Corta es la vida. Lo sabe todo el mundo
pero más corto el lapso que se traza
sobre la superficie de la muerte
que lleva sin remedio hasta la vida de otra cosa
 
Pues los insectos tienen
―según los entomólogos―
la eternidad garantizada
 
No así mis compañeros hombres
por ejemplo mi abuela
que oyó la voz de la muchacha
y sólo consiguió dejar para después su infarto cerebral
hasta llevar a los ochenta y cuatro
su ruidosa versión del mes de agosto
 
Mi otro bisabuelo
ese tal Marcos
a quien la ninfa del telégrafo aconsejó tan mal
que se fugó con una cincuentona de McAllen
a bordo de un ford falcon de dos puertas
que aún pagan a plazos los sobrinos
 
Conozco a esa muchacha
si supiera su nombre lo pondría a una de mis hijas
―si tuviera hijas. Hablaríamos en morse entre nosotros
Quizá nos mudaríamos todos a McAllen
 
Conozco a esa muchacha que escribía
telegramas de amor a los insectos
 
No sé cómo es. Cómo se llama
Nadie de mi familia
ese tal Marcos
mi tía abuela Dominga
mis hijas ―si tuviera―
Nadie sabe por qué precisamente a los insectos
Qué nos quiere decir con tanto punto y raya.

 
 

MÍRATE BIEN
 
Eras la boca de la madrugada
el doble verdadero de mi boca
de mis encías caninas. Mi perro infiel
 
pues hay mascotas que regresan
lustros después de que su amo
las abandona al otro lado de la calle
 
Tú no vuelvas. Es tan triste volver
Lo ha sido casi desde siempre
 
Vuelve la luz
los girasoles
el despertar nostálgico de las princesas
la boca neutra de la madrugada
 
Pero nada es de nuevo
nada se repite
 
Ni la delicada órbita de las falenas
Ni el ubicuo paso de Venus
Ni la aurora boreal de tu vulva
en mis labios medianos
en mis necias papilas gustativas
 
Nada vuelve.

 
 
 

De Regla de tres, 2007

 
 
 

DIOS Y LA BESTIA Y LOS CABELLOS
 
Dios ya la Bestia pelean por el mundo.
En el mundo estoy yo, pronunciado vocales,
enderezando mi espina dorsal,
bebiendo té de hierbabuena,
viendo qué hacer con mi peinado.
Dios y la Bestia siguen su combate.
Tú vives en el ombligo de la Luna.
Tú vives en la florería del viento.
Tú vives en el zoo de la almohada.
Tú reinas en la Luna, en los aguamaniles,
en el espejo de bolsillo. Tú pones
trapos húmedos en mis vocales,
cristales blancos en mis gafas,
y en el pelo tónico para el pelo.
Dios y la Bestia se arrancan los ojos y los huesos,
ignoran esta y otras cosas:
Cuánto pesan las cosas en la Luna,
El sabor de sus aguas. El requesón
que nunca tuvo. Cómo vives ahí,
cómo gobiernas a los locos
y a la sangre menstrual. Cuántos ladridos
habrás escuchado, cuántos países te reclaman.
Dios y la Bestia se mesen el cabello.
Tú recoges el mío.

 
 

EL CUESTIONARIO DE LA MUSA
 
El culo está donde olfatean los perros.
 
¿Dónde está la cabeza?
Encima de la almohada.
 
¿Dónde está la cabeza?
Debajo de la embolia.
 
¿Quién es tu madre?
Es el árbol que cuelga del viento.
 
¿Cuántos años tienes?
Doscientos en los ojos,
treinta y cuatro en los dientes.
 
¿Cuántos años tienes?
Dos en los testículos,
una semana debajo de la lengua.
 
¿Cuántos son tus hijos?
Diecisiete familias
de fríos espermatozoides.
 
¿Dónde está el culo?
Lo contesté al principio.
 
¿Dónde están tus hijas?
En el orfanato.
 
¿Hacia dónde va el tiempo?
Hacia atrás.
 
¿Dónde estás tú?
En el útero de la mantis.
 
¿Dónde está tu padre?
En el líquido amniótico.
 
¿Qué estás haciendo?
Estoy soñando.
 
No, no. Estás muriendo.

 
 
 

De Largo viaje al presente, 2008

 
 
 

[A QUIEN LEYERE 2/2]
 
En una habitación sencilla
con mis rodillas en el piso
rezo por ti
porque también estás en esa
interminable triste lista
de las cosas que caen
 
junto conmigo.

 
 

[INSCRIPCIÓN EN LOS VEDAS]
 
«Tú eres esto»
Cada cosa que ves adentro de otra cosa
pero no tú
que nunca estás dentro del mundo
 
«el afuera eres tú, que mora en cada cosa»
que besarían tus labios preparados
desde siempre
 
«Tú eres mi verdadero tú»
el para siempre postergado
«yo»
del mundo.

 
 

[AUTORRETRATO CON PARÉNTESIS]
 
Lo
que
todo
el
mundo
e
(re)
s.

 
 

[GALIMATÍAS BREVE]
 
Hay un momento sabes
en que lograste serenar
el crudo vocerío
que llamamos silencio
 
Hay un momento antes
 
En esa guerra sorda y muda
que siempre ganamos
luego de infinitas desgracias
luego de irreparables pérdidas
 
Ese lugar al que viajamos
con un cuervo en el hombro
 
Ese momento anterior al poema
desde el poema
donde hasta entonces
todas las palabras
eran el no querer decir de las palabras
 
Antes ―en ese punto:
entre el silencio tumultuoso
y el plácido bramido
del poema.

 
 

[LECTURA DEL LIBRO DE JABÈS]
 
“Busca esa palabra
esa única
mínima
palabra
cuya existencia
atestigua que el mundo
es un tibio lugar
inhabitable.”

 
 
 

De Libro del abandono, 2010

 
 
 

2
 
Permíteme llegar a la superficie,
comprender tu vertiginosa sencillez,
libérame de la supersticiones de la sabiduría,
sálvame de ese tú moldeado por la inteligencia,
ayúdame a vencer
la idea del Dios más grande.
Quiero observar el fin el mundo en el que vivo,
quiero llegar a lo que soy,
libre de mi.
Déjame bendecir a cada cosa,
concédeme esa gracia.
Déjame estar libre de ti,
a tu servicio,
Señora mía del canto.

 
 

BREVE CANCIÓN DE AMOR
 
―Seguiré tu camino.
―No tengo camino.
―Te acompañaré.
―No puedo andar.
―Iré en tu lugar.

 
 

BREVE CANCIÓN DE AMOR
 
No tengo camino,
volveré sobre mis pasos
hasta que me encuentres;
entonces andaremos juntos
mi camino hacia ti.

 
 
 

Javier Acosta nació en Estancia de Ánimas (Zacatecas, México) en 1967. Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, es profesor de Teoría del Arte y de Hermenéutica en la Universidad Autónoma de Zacatecas. Coordina el taller de Poesía del Instituto Zacatecano de Cultura y codirige la revista de humanidades y literaturaReitia. Es autor de Allen, tómate una tablea de eucalipto (Praxis/Dos filos, 1994); Melodía de la i (Ayuntamiento de Zacatecas/IZC, 2001); Cuadernillo del viento (Ediciones de Medianoche/UAZ, 2007); Regla de tres (UAZ, 2007) que obtuvo el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 2006;Schopenhauer, Nietzsche, Borges y el eterno retorno (Universidad Complutense, 2008), Largo viaja al presente (Mantis, 2008) y Libro del abandono (Era/Conaculta, 2010) con el que obtuvo el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes ese mismo año.

 


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