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26 Ago 2013 / 12:32 pm

 

Nota y selección por Henry Alexander Gómez

 

Con una precisión bárbara y maratónica, con un vértigo que descansa siempre en la belleza, recorremos el más reciente libro del poeta boliviano Gabriel Chávez Casazola. La mañana se llenará de jardineros es el título que lleva esta carga de poesía y presencias que se despuntan tanto en el pasado como el presente.

Es la embriaguez de la memoria, pasos que se grabaron en un mármol de cosechas y que se hace justo deshacerlos y ovillarlos de nuevo. Abrimos sus páginas y una ópera vibra por todos los rincones de la casa.

Publicamos una selección de poemas de este libro, el cual ratifica a Gabriel Chávez con una voz firme en Latinoamérica, con la pretensión de acerquemos a una obra que, tal y cómo se lo escribe a su hija Clara en el poema “Donde el poeta, investido como un personaje de Kozinski, conversa con su hija”, permita que la mañana y quizás todas las mañanas del mundo, se pueblen de felices jardineros.

 
 
 

KOYU ABE SIEMBRA UNA SEMILLA DE GIRASOL EN LOS JARDINES DEL TEMPLO DE GENJI
 
Koyu Abe, con rigurosa túnica negra,
alta y rapada la cabeza
llano el ceño
siembra una semilla de girasol en los jardines del templo de Genji.
 
Con parsimonia deposita la pequeña cáscara repleta
de luz en potencia
de futuros asombros
en un cuenco cavado entre la tierra.
 
La cubre con una pequeña pala
la riega con una regadera anaranjada.
 
Pasa la brisa sobre los jardines del templo de Genji
la siente Koyu Abe en sus manos salpicadas por el agua.
 
En una bolsa de tela colgada en el regazo lleva
unas decenas o cientos de semillas.
 
Es aún muy de mañana y sembrar cada una es su tarea
y cubrirla
y regarla con su regadera anaranjada.
 
Un millón de girasoles habrán de alfombrar pronto los jardines de Genji y los huertos
aledaños.
 
Monjes, campesinas,
todos habrán de tener manos humedecidas por el agua que riega los futuros
asombros amarillos de los niños,
las que serán luces piadosas para ojos extenuados.
 
Koyu Abe no conoce a Van Gogh, mas pinta girasoles con su pala.
Koyu Abe, cuya mirada divisa, en lontananza, los perfiles grisáceos de los silos nucleares.
A la vera de Fukushima se levantan los jardines del templo de Genji
y es preciso purificar el cielo, purificar las aguas, purificar el suelo, purificar los soles sembrando girasoles.
 
No es un efecto estético, me dice Koyu Abe, en el silencio de la imagen:
las raíces absorben los metales pesados
y del veneno nace, como si tal, la flor.
 
Mas es verdad que también la belleza purifica 
por sí misma, 
 
acota el holandés, saliendo del silencio de la tela,
y Koyu Abe me extiende una bolsa de semillas
de cáscaras repletas de diminuta luz.
 
La enorme regadera anaranjada
me la alcanza Van Gogh.

 
 

ARGUMENTO ESTÉTICO
 

¡Jesucristo, Dios mío verdadero! 
¿Es verdad que fue así la cara vuestra? 
Dante, Paradiso XXXI, 127-128

 
La Síndone es auténtica.
Ningún pintor medioeval en su sano juicio
habría impreso un daguerrotipo de la espalda de Dios.

 
 

ME GUSTA TODO LO QUE YA NO ESTÁ:
 
pájaros dodos mastodontes plesiosaurios
tigres dientes de sable
helechos de tamaño insensato
flores carnívoras grandiosas

fabricantes de relojes de sol para el bolsillo
emperatrices de Abisinia
mandarines
voivodas de Valaquia

 
 

EL TIEMPO Y LAS COPAS
 
Hay días en que la vida es como un champán muy ligero,
una efusión de burbujas y de luces
 
Hay otros -los más- en que es una cerveza un poco agria,
áspera pero al fin y al cabo refrescante
 
Noches en que existir es un ron profundo
denso y dulce, hecho de las melazas del deseo
 
Madrugadas como un absintio de los buenos
donde los dedos hacen líneas de luz en la penumbra
 
Mediodías radiantes y en molicie como un cóctel de tumbo bajo un molle
Tardecitas como un vino viejo y generoso
 
Atardeceres y alboradas de agua fresca
 
Minutos intensos como un shot de tequila
 
Horas que son como el último whisky antes de irnos.

 
 

BOLA DE CRISTAL
 
Él puede leer los ojos de los niños, sabe
qué será del mejor alumno de la clase
y del niño becado y de esa alta morena.
 
Paladea un Jack Daniels lentamente
en la esquina del bar.
 
Sus ojos están fijos en el fondo del vaso.
Ya no quiero mirar ya no quiero mirar.

 
 

TROPICALIA
 
Pronuncio: la tarde
—y ella entra por la ventana, imprevista,
rebalsándola.
 
Digo entonces: palmera
—y una brisa cimbreante
va aliviando este cuerpo imprevisto,
despojándolo.
 
En la hamaca
a la que he primero, claro, pronunciado,
—hamacad al peregrino, reza el
primer mandamiento del calor—
voy nombrando luego la lluvia esporádica
el arcoíris doble, el sol del sur,
el sol celaje que extiende una gasa en los hombros
de la ciudad
vistiéndola de naranja
 
para que
ella
salga más tarde
a pasear con elegancia
cuando ya yo haya dicho atardecer, pradera,
canto de guacamayas.
Sólo en ese momento será cuando instaure
la noche del trópico con mi voz
 
(noche: habré articulado)
y sobrevendrá la penumbra
arrullada por el olor febril
de selva
que asciende de ocho a ocho como un licor de huevo
embriagando a los ángeles
y a los pasajeros de los aviones transcontinentales.
Ellos no me verán
partir
del hotel de la fiebre
 
—si acaso parto alguna vez—
 
a las blancas y terribles residencias
de la lucidez.

 
 

1972
 
Fue el año en que Nixon visitó la China
que Marco Antonio Campos refutó a Neruda
 
            —Las páginas no sirven. La poesía no cambia 
             sino la forma de una página—
 
que estrenaron Solaris (lo dije en otro poema) pero también Aguirre Cabaret Garganta profunda El hombre de La Mancha Gritos y susurros El último tango —ah María Schneider en la tina y Brando ubicuo, bilocal, al mismo tiempo en el ático parisino y en Villa Corleone, otro y el mismo— mientras Zefirelli hacía volar a Chiara y Francesco en una nube de flores y Chaplin volvía a Hollywood (ya Osvaldo Soriano lo contó en una novela suya).
 
Murieron Chevalier, Alejandra y Kawabata, el primero bailando los otros dos
al filo del espejo
y se despidió de este mundo una princesa
Carolina Matilde de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg,
            bautizada como Princesa Viktoria-Irene Adelheid Auguste
            Alberta Feodora Karoline Mathilde de Schleswig-Holstein
            Sonderburg-Glücksburg
de la que solo queda el nombre en Wikipedia.
 
También dijo arrivederci el profeta de la usura, que solía contemplarse en los ríos
en noches de plenilunio y enderezar aun las torres con sus cantos.
 
Una estela explosiva dejó el cohete fallido que propulsaba a la sonda Cosmos hacia Venus
y otra Harry S. Truman, con su cortejo de átomos y carne chamuscada.
 
Bobby Fischer, el díscolo, el irreductible, venció a Boris Spassky
llevándose el título a casa junto a unas cervezas,
en tanto el odio ensangrentaba los juegos olímpicos de Munich el penal de Trelew
un domingo en Irlanda del Norte el campus de la universidad de El Salvador
en cuanto un terremoto destruía Managua y en Roma
un tal Laszlo Toth atacaba la Pietà de Miguel Ángel con un martillo,
gritando que él era Jesucristo.
 
Era 1972 y en un país perdido entre montañas,
en una clínica metodista, por puro azar,
nacía yo, que debí haber nacido en otra ciudad y otro hospital;
y poco antes o después nacían otros niños y niñas con los ojos también maravillados,
de este y del otro lado del Ecuador, dedicados ahora, como yo, a este inútil,
maravillosamente inútil oficio de escritura.
 
Sí, de seguro fueron los efectos del cohete de la Cosmos
el poderoso cóctel de todas esas películas
algo de los últimos alientos de Pound y la Pizarnik,
y sobre todo la estela del poema de Marco Antonio Campos:
 
            Las páginas no sirven. / La poesía no cambia / sino la forma de 
             una página, la emoción, / una meditación ya tan gastada. / Pero, 
             en concreto, señores, nada cambia. / La poesía no hace nada. / Y 
             yo escribo estas páginas sabiéndolo.
 
Eppur si muove, cuarenta años después
ya solo quedan en pie los poemas de Alejandra, los cantos de Ezra, algo de las novelas de Kawabata, muchos de los versos de Neruda y casi todas esas cintas
indescriptibles
mientras el resto: Nixon Mao Neftalí Reyes Tarkovski Klaus Kinski
            Bob Fosse la deliciosa Linda Lovelace el insoportable
            Ingmar Bergman la más deliciosa María Schneider el más
            insoportable Marlon Brando el ya no se diga Charles
            Chaplin Osvaldo el Negro Soriano Maurice Chevalier
            Carolina Matilde de Schleswig- Holstein-Sonderburg-
            Glücksburg el propio Ezra el programa espacial soviético
            la URSS Truman Bobby Fischer y todos sus rivales las víctimas
            y los asesinos el loco del martillo
son ya carne de gusanos y de la desmemoria
 
como lo seremos los poetas del 72 y Zefirelli y Marco Antonio Campos algún día
pero no su refutación a Neruda que se refuta a sí misma
 
perdurando
inútil y maravillosa
como la poesía,
como la Loren
como La Pietá
 
triste, solitaria
y final.

 
 

VUELO NOCTURNO / ARTE POÉTICA
 
El eje del mundo se ha movido hoy diez centímetros
 
a la izquierda o a la derecha quién lo sabe
pero los poetas esta noche andan revueltos
 
y se descalzan
y entran al río
y se ponen
a atrapar
el resplandor
de las estrellas
 
a atraparlas
con las manos
en el agua.

 
 

DONDE EL POETA, INVESTIDO COMO UN PERSONAJE DE KOZINSKI, CONVERSA CON SU HIJA
 

Para Clara

 
Y si de pronto un rayo o un camión se abaten
sobre la palma erguida,
sobre su razón llena de pájaros
y mediodías
 
si la malaventura hiere su frente de luz
y la desguaza
y convierte en escombros su razón
y su alegría
que era también la nuestra
 
no te dejes llevar por la tristeza,
hija,
recuerda que detrás de los escombros
siempre quedan semillas
 
y que algún día,
pronto,
después del rayo y la malaventura
 
se abrirá la luz
cantarán los pájaros
y nuestra calle y todas las calles del mundo
donde alguna vez hubo palmeras abatidas
se llenarán de felices jardineros
que peinarán
los nuevos brotes
y regarán los mediodías.
 
Te lo prometo, hija:
la mañana se llenará de jardineros.

 
 
 

 

 

 

Por Xavier Oquendo Troncoso

 

Epifánica, torrencial y efusiva. Así encontramos la novísima poesía de Gabriel Chávez Casazola, una de las voces más imprescindibles de la poesía boliviana contemporánea. Su discurso es ceremonioso en algunos casos (cuando, por ejemplo, recrea atmósferas y les da un toque de leyenda) y libre, en otros (cuando la voz poética es un yo preciso en medio del espacio).

La mañana se llenará de jardineros es un libro de la memoria. Asentando los pasos va el poeta por esos caminos en donde ajusta cuentas con el recuerdo. El problema filosófico de la memoria y el placer se hace presente (como nos diría el filósofo Bentham en su  Aritmética del placer) para entretejer de manera insólitamente hermosa los trazos de estos poemas que contienen sugerencias de largo aliento en una suerte de poesía épica personal, que es a la vez capaz de conmover a sus lectores.

Chávez Casazola busca a sus (anti)héroes en medio de la contienda poética. Y a lo mejor los encuentra, pero eso no nos interesa. El poeta es agarrado desde los flancos de su corazón por la poesía. Y de allí saldrá triunfante, pero también golpeado por haber caminado por esa escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido, como diría San Juan de la Cruz.

Este libro es un inventario de aquello que nos mueve a todos: el manso y a la par

exasperante mundo del recuerdo, por cuyos intersticios transita esta valiosa obra de un gran poeta latinoamericano. Ni más ni menos.

 

***

 
 
Gabriel Chávez Casazola (1972) Poeta y periodista boliviano. En poesía ha publicado Lugar Común (1999), Escalera de Mano (2003) y El agua iluminada(La Hoguera, 2010), seleccionado entre los 12 mejores libros bolivianos de 2010 por escritores, lectores y críticos consultados por el suplemento “Fondo Negro” de “La Prensa” de La Paz. Sus poemas han sido traducidos al italiano, portugués e inglés, y están recogidos en antologías y revistas literarias de su país, de México, Nicaragua, Brasil, Portugal y Chile. Ha participado en varios encuentros internacionales de poesía e impartió talleres del género. Publicó además un libro de ensayos, otro de crónica periodística y editó una Historia de la Cultura Boliviana en el siglo XX (2005 y 2009), premiado como Libro Mejor Editado de 2009 por la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz. Como periodista, fue editor y columnista de importantes periódicos de su país. Entre otros premios, el Estado boliviano le concedió la Medalla al Mérito Cultural.

casazola@hotmail.com

 

La mañana se llenará de jardineros